Valverde y un submarino sin rumbo

La derrota ante Osasuna colmó el vaso de Fernando Roig. Y no hablábamos de un chato, precisamente, sino de un enorme barreño que ya se puso a prueba con Pellegrini hace unos años y con el mismo Valverde tras el pésimo comienzo liguero del equipo amarillo. Según el presidente, el equipo no daba buenas vibraciones. Será, como con Eto´o, una cuestión de feeling. Líneas tangenciales dicen que no había sintonía en el vestuario, que la renovación estructural de la plantilla para superar la sombra del anterior técnico chileno no había tenido el éxito esperado. Sea como fuere, el entrenador apenas ha superado la primera vuelta, y hoy el técnico del filial Garrido ya dirige las sesiones matinales del primer equipo. Valverde, que ayer se despidió de sus jugadores, asumió su parte de culpa en la mala campaña de un Villarreal que quiere volver a estar arriba y seguir disfrutando de aquellas noches europeas de las que es difícil prescindir cuando ya se han conocido.
Ernesto Valverde no era, cuando llegó en verano, una apuesta arriesgada. Sus años como entrenador estaban llenos de buenos momentos. Tras una etapa de claroscuros en el Athletic, con algunos hitos memorables como ese 1-7 al Lieja en la UEFA, fue en el Espanyol donde encontró un amplio reconocimiento como míster. La final de UEFA perdida en Glasgow ante el Sevilla no hizo desmerecer su magnífica actuación al frente de la plantilla perica. El Olympiakos griego se fijó en él, y allí logró alcanzar el título liguero en su primer año, dejando su hierático sello en el banquillo local del Karaiskaki. Cuando el Madrid fichó en junio a Pellegrini, los mandatarios del Villarreal decidieron de forma unánime que fuera el cacereño el que ocupara su lugar, su currículo lo avalaba plenamente pero en la práctica algo ha fallado sobre el césped del Madrigal.
La extraordinaria temporada del filial, rozando los puestos de ascenso en su primer año en la Liga Adelante también han podido precipitar el final del ciclo del Txingurri. No había fútbol en la primera plantilla y, por lo leído, el segundo equipo amarillo es un conjunto que hace del fútbol rápido, ofensivo y de toque su emblema. Veremos si Garrido logra contagiar este espíritu a un equipo deprimido y deslavazado como el que deja Valverde. Tiene dos objetivos. El primordial es recuperar la senda del triunfo en la liga doméstica e intentar tocar los puestos europeos desde la décima posición de la que parte. La segunda, tal vez incompatible con la primera, es hacer una buena temporada en la Europa League. El Wolfsburgo les visitará a mediados de febrero y será una buena oportunidad para reivindicar al submarino amarillo frente a los actuales campeones de la Bundesliga. Revivir de alguna manera aquellas recientes noches europeas y lograr salir de la mediocridad a la que esta temporada nos habían acostumbrado.