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Uso irrespetuoso de suelo sagrado

No sé si a usted, amigo lector, le han robado alguna vez. Si ha sido víctima de un hurto, conocerá sin duda el agrio sabor, mezcla de rabia e impotencia, que le invade a uno en momentos como ese. El único consuelo en tales situaciones consiste en esperar que la policía pesque a los cacos y te devuelva lo que se llevaron. Algo que, por desgracia, sucede en contadas ocasiones. El problema se agrava cuando descubres que los ladrones son los policías. O, ya puestos, los jueces. ¿Qué hacer entonces? Denunciarlo en otros foros. Por ejemplo, en la Prensa. Hay muchos tipos de robos. El Lute se hizo famoso por llevarse hasta las gallinas. Ali Baba acumulaba sus tesoros en una cueva y los asaltantes del tren de Glasgow tienen el dudoso honor de haber protagonizado el golpe más famoso de la historia. Hay rateros cutres y ladrones de guante blanco. Lo del color va sin segundas, que conste. Y luego están los robos no tipificados en el Código Penal. ¿Puede considerarse como tal una actuación arbitral tan tendenciosa como la que sufrimos el sábado en San Mamés?

[...] Escupir en la calle está mal. Para eso no hace falta recurrir a los libros de leyes. Es una cuestión de educación cívica. Hacerlo en el pórtico de una iglesia es de un mal gusto indecente, por lo que tiene de provocación y de desprecio a las creencias ajenas. Muñiz Fernández escupió, futbolísticamente hablando, en ‘La Catedral’. Lo suyo no fue un mal arbitraje. Entra directamente en el terreno de la herejía. O, si ustedes lo prefieren, de la profanación, entendida como uso irrespetuoso de suelo sagrado. ¿Qué bulle en la mente de ese hombre, bajo ese chapapote de fijador? Mejor no saberlo.

[Paxi Alonso en El Correo]

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