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Tenerife: El reto de Nino y la eclosión de Alfaro

xerez0021José Luis Oltra llegó a la Segunda División B en el año 2002, al Castellón, sin más avales que su experiencia en el Catarroja en Preferente y su amistad con Fernando Gómez Colomer, que entonces era director deportivo del club albinegro. Las suspicacias que levantó su fichaje se difuminaron a base de victorias (no perdió hasta la jornada 31), y las victorias se consiguieron trazando de manera diáfana unas señas de identidad sobre el césped (ambición, trabajo colectivo, verticalidad, toque, carácter). Las mismas señas, por supuesto, que ahora han convertido al Tenerife en el equipo más dinámico y goleador de la categoría, y le han aupado hasta la Primera división.

En este éxito alegre, dos futbolistas han acaparado la atención realizadora. Un veterano, piel curtida en el fútbol de plata, y un joven talento de una de las canteras más fructíferas en los últimos años. Son Nino y Alfaro, y entre los dos suman 48 goles, más que doce equipos del campeonato. Un escándalo maravilloso.

Juan Francisco Martínez Modesto es Nino, un almeriense que se fogueó en las categorías inferiores del Real Madrid antes de recalar en las del Elche. Su destino mutó en la promoción de ascenso a 2ª del año 99. En tiempo de prolongación, al adolescente delantero que asomaba del filial le cayó un regalo en área grande. Nino, sin tembleque, no lo desaprovechó y marcó un gol decisivo al Melilla de López Caro para escapar de Segunda B, y afianzarse en la primera plantilla ilicitana.

Allí permaneció ocho años, para convertirse en el máximo goleador de la historia del Elche en Segunda, ídolo, y ganarse el salto a Primera. El Levante (López Caro, de nuevo)  pagó por él un millón y medio de euros, pero su temporada en el club granota, la única de momento en la máxima categoría, resultó un fiasco. Un solitario gol y un parón en su carrera.

Para Nino, el añito en el infierno fue en la Liga de los lujos. Su paraíso particular se encuentra en el escalón previo. El Tenerife consiguió su cesión y una opción de compra (1 millón) que ejerció a los pocos meses, tras comprobar que, efectivamente, el reino de Nino es un reino honesto pero, de momento, de plata. En unos pocos días, para celebrar sus 29 años recién cumplidos, puede certificar su pichichi (en solitario si marca, con Ewerthon sancionado), y campeonar con el Tenerife. Y en unos pocos meses, demostrar que su astucia, su velocidad y sus infinitos recursos ante el portero son igual de rentables en Primera.

Si la batalla de Nino, a estas alturas, consiste en exprimir sus límites conocidos, la de Alfaro se debe basar en desarrollar su enorme potencial, buscando su verdadero techo.

Alejandro Alfaro Ligero tiene 22 años, es onubense e igual de liviano e intuitivo que Nino. Si Nino vive en el área, a Alfaro le gusta llegar sin avisar. Los dos, eso sí, con el colmillo igual de afilado. Se adapta a cualquier posición de la mediapunta, pero por dentro, tras un punta, es demoledor. Maneja espacio y tiempo, entiende el juego colectivo y golpea como el mejor de los definidores. No extraña, pues, que el Sevilla (donde ya debutó y creció desde edad juvenil) pretenda repescarlo y, por si Manolo Jiménez se despista, anden al acecho una retahíla de clubes. Entre ellos, claro, el Tenerife.

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