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Sudáfrica: un largo año por delante

2010-logoLa Copa Confederaciones 2009 ya es historia. No vamos a abundar a estas alturas en la ’seriedad’ de la competición y en su improcedencia, temas de los que ya debatimos en profundidad hace un par de semanas. Tampoco vamos a analizar el papel de la selección española, toda vez que éste ha sido bastante más triste de lo esperado por casi todos. Si Xabi Alonso no hubiera acertado con ese bendito gol en la prórroga de esa patraña también conocida como ‘Final de consolación’, probablemente España entera estaría volviendo a las andadas, arrojando piedras sobre su nuestro propio tejado, y exigiendo una nueva catarsis en un equipo que funciona y cuyo bajo rendimiento sólo tiene una explicación: Brasil o Italia aparte, a ninguno de los nuestros le interesaba este torneo. Como al público español, una vez confirmada la eliminación a manos de EEUU.

Pero no. No vamos a discutir sobre si la convocatoria de Vicente del Bosque estaba compensada o no, ni sobre si los cambios del técnico en determinados encuentros del campeonato fueron del todo acertados. La ocasión era idónea para hacer pruebas y reajustes de cara a lo que sucederá dentro de un año por aquellas mismas latitudes. Ya lo advertimos en aquellos artículos, España tenía mucho que perder y muy poco que ganar en la Copa Confederaciones. Finalmente, no nos hemos enfrentado a ninguna de las dos selecciones potentes (Brasil e Italia), que, visto lo visto, era el único aliciente del torneo.

Selección española aparte, la Copa Confederaciones 2009 nos ha servido para constatar lo que muchos ya nos temíamos por la (escasa) información que llegaba desde tierras africanas. Sudáfrica, a un año vista del gran torneo, no está preparada para acoger un Mundial.

La crudeza de la afirmación contrasta con las maneras de la FIFA. Entradas a precios disparatados (de 30 a 100 euros en los partidos de la fase de grupos, y de 60 a 200 en la Final), para un país que ocupa el puesto 80º en la escala mundial de renta per cápita, con los consiguientes problemas de asistencia a los partidos, y el gravísimo peligro que implica esa injusta y chapucera medida de la apertura de puertas mediado el encuentro, es el mejor ejemplo de que a alguien en la FIFA le interesa más el negocio y la facturación que el desarrollo del fútbol en el continente negro.

Cuentan las crónicas de los que hasta allí se han desplazado, que Sudáfrica presenta serios problemas de infraestructuras hoteleras y de hostelería en general. La Confederaciones ha reunido a ocho equipos, con escasos desplazamientos de sus respectivas aficiones. Pensar en 32 selecciones moviéndose a lo largo de las diez sedes previstas por todo el país, con sus hinchadas tras ellas (algunas de ellas conflictivas o violentas), a lo largo de un ajetreado mes, debe ser para echarse a temblar. Y no sólo son problemáticos los alojamientos. El transporte y acceso a los diferentes estadios ha alcanzado niveles de verdadero caos. No quiero ni pensar en una manada desbocada de hooligans ingleses bañados en Lion Lager

Con todo, no parece probable que Sudáfrica vaya a ver peligrar su esperado Mundial del año próximo. Sepp Blatter ya se ha encargado de aclarar que el torneo sudafricano va por el buen camino, y que la experiencia vivida en esta Confecup 2009 ha sido del todo satisfactoria.

Todos votamos por el desarrollo del fútbol en África. Cualquier buen aficionado disfruta con el colorido y la pasión, vuvuzelas aparte, que la hinchada sudafricana traslada al graderío de cualquier estadio. Nadie pone en duda que el fútbol, y la organización de grandes torneos, deben democratizarse y extenderse por todo el globo, pero, a día de hoy, a un año vista, todo apunta a que el caos organizativo puede ser el peor y más desagradable recuerdo que deje para la Historia el Mundial de Sudáfrica 2010.

En DDF| Copa Confederaciones 2009

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