S.O.S. Portsmouth

De todos es sabido que la Premier League es la competición nacional de clubes mejor organizada, con mejores infraestructuras y mayor explotación comercial del mundo. Nada de lo que ocurre en la competición liguera inglesa es por casualidad. Todos los detalles son planificados al extremo del perfeccionismo: el calendario, el sistema interno de traspasos, las designaciones arbitrales,… Nada queda sujeto a la improvisación. Lo mejor de todo, es que este sistema de absoluta profesionalidad y control exhaustivo de la competición no es privativo de la Premier League. La Football League (que comprende las tres categorías inmediatamente inferiores a la Premiership) es otro ejemplo de magnífico funcionamiento y de producto bien vendido. No hay más que visitar su página web oficial, a años luz de la de nuestra querida LFP. Pero, ¿a qué viene este repentino panegírico?
Para que un negocio que mueve tantos miles de millones de libras al año como lo hace el fútbol inglés funcione correcta y transparentemente, la Premier League no puede andarse con medias tintas. Los clubes que contraen deudas y se muestran incapaces de hacerlas frente son estudiados con lupa en cada uno de sus movimientos.
El pasado mes de diciembre, el HMRC (Her Majesty’s Revenue and Customs), una suerte de departamento del gobierno británico para el cobro de impuestos, reclamó al Portsmouth FC, actual colista de la Premier League, diversas cantidades en concepto de impagos al fisco.
A las deudas fiscales se añaden las mensualidades adeudadas a la plantilla y al cuerpo técnico (parece ser que las dos últimas), amén de las cantidades que aún se adeudan por los traspasos de Younes Kaboul (Tottenham), John Utaka (Rennes), Sulley Muntari (Udinese, actualmente en el Inter), mas Nahir Belhadj y Aruna Dindane (Lens).
La Premier League ya adelantó la pasada semana que, de no hacer frente en un breve plazo de tiempo a la deuda contraída con los clubes, retendrá los 7 millones de libras que el club del Fratton Park debería ingresar en concepto de derechos televisivos para liquidar las mencionadas deudas.
Lo cierto es que lo que parecía el comienzo de un sueño a comienzos de aquella campaña 2006/07 con la llegada del magnate ruso Alexandre Gaydamak, y continuo por la senda del éxito con la conquista de la FA Cup de hace dos temporadas, ha terminado convirtiéndose en una desagradable pesadilla sin final conocido para la sufrida afición del Pompey. El rumbo comenzó a torcerse cuando Gaydamak dio la espantada y vendió el club a Sulaiman al-Fahim, la misma mano que mecía la cuna del Manchester City, durante el pasado verano. Pero no duró mucho al-Fahim como propietario del club. Sólo mes y medio después de la adquisición del mismo, vendió el 90% del accionariado al saudí Ali al-Faraj, actual propietario del equipo.
Con tantos bandazos en la propiedad del club durante los últimos meses, nada parece indicar que el club vaya a terminar arribando a buen puerto. Perder la categoría a final de temporada, algo que cada semana parece más inevitable pese al repunte deportivo logrado tras la llegada de Avram Grant al banquillo, sería el peor de los males a los que podría verse expuesto el club del vetusto pero entrañable Fratton Park.