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Sobre la (hipotética) puja por Fàbregas

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Es el rumor que no cesa. Desde que Cesc Fàbregas (Arenys de Mar, 1987) tomó con mano firme las riendas del Arsenal y se erigió como líder absoluto del equipo dirigido por Arsène Wenger, pasó a convertirse, automáticamente y por derecho propio, en objeto de deseo de Real Madrid y FC Barcelona. Joven, abanderado del fútbol de salón del equipo londinense y curtido en el inmejorable escaparate inglés, el centrocampista catalán ha originado un sinfín de rumores en las dos últimas temporadas vinculándolo, alternativamente, con azulgranas y merengues. Pero nunca como hasta el momento, cuando la ausencia de títulos ha comenzado a pesar demasiado, se ha percibido tan plausible su salida del club gunner. Plausible, pero no segura.

La ‘bomba’, que luego no fue tal, detonada hace algunas semanas cuando se anunció su ‘pre-compromiso’, valga la expresión, con el FC Barcelona, puso al chico en el disparadero. Muchos comprendieron entonces el valor intrínseco de la hipotética operación. Quizá Fàbregas fuera la llave del Sancta Santórum azulgrana: el sillón presidencial del club. Su contratación, entendida como arma electoral ante la batalla ante las urnas del próximo 13 de junio, trascendería lo estrictamente deportivo.

El alumno aventajado de Guardiola y Xavi, el rebelde que no tragó con la falta de oportunidades y decidió dar el paso de emigrar hacia un fútbol más condescendiente con el pecado de juventud, el paradigma del ADN del Barça (como en su día llegó a decir de él el propio centrocampista egarense), volvería a su casa, a su club, en el mejor momento de la historia de éste. Y lo haría como futurible líder, como sustituto natural de un Xavi que ya supera la treintena y que, no nos engañemos, todo lo que dé a partir del año siguiente será, previsiblemente, en línea descendente.

Pero el Madrid no debería perder comba en el asunto Fàbregas. La necesidad de la contratación de, al menos, dos centrocampistas de acompañamiento para Xabi Alonso es ya toda una evidencia. No puede confiarse eternamente en Guti, Gago parece tener pie y medio fuera de cara a la temporada que viene y Lass y Diarrá son dos centrocampistas de perfil muy diferente al del catalán. Con Cesc, el equipo merengue ganaría en personalidad sobre el césped y, sobre todo, en circulación de balón, algo que, en ausencia de Alonso, continua dentro de las asignaturas pendientes de los de Pellegrini. Quizá por necesidad puntual, la opción madridista fuera la más convincente. Fábregas llegaría con un puesto prácticamente asegurado en el once, supuesto que no se daría en el Camp Nou.

Pero algo me dice que, en el caso concreto que nos ocupa, no es el deportivo el único factor influyente. La filia del mediocampista catalán hacia el Barça es evidente y notoria, y el aspecto personal podría resultar determinante a la hora de que el ‘4′ del Arsenal tome una decisión con respecto a su futuro inmediato.

Todo ello poniéndonos en la arriesgada tesitura de que Fàbregas vaya a abandonar el club londinense el próximo verano, premisa en absoluto asegurada. Hay detalles que invitan a pensar que, mientras Barça y Madrid se engancharán en la enésima batalla por el fichaje de la mano de sus respectivos esbirros mediáticos, la sangre gunner seguirá fluyendo por las venas de Cesc. Su reciente celebración frente al Stoke City, su complicidad con la afición de Ashburton Grove y su estatus de absoluto ídolo y protagonista dentro del club londinense podrían llegar a ser condicionantes tan decisivos como para permanecer fiel al abrigo de Wenger.

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