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Sin atisbo de recuperación en Vigo

eusebio_buscara_triunfo_alicante_alza1Lejos, muy lejos quedan los tiempos de Alexander Mostovoi, Valeri Karpin o Mazinho. El público de Balaídos contempla ahora, desde la añoranza, las no tan lejanas épocas de hazañas europeas, de finales de Copa, de gestas ante el Liverpool, el Benfica, la Juve o el Milan. Y es que su equipo, el RC Celta de Vigo apunta a que tendrá que pasar al menos una temporada más degustando el amargo sabor de la Segunda División… si no algo peor.

Lo que sobre el papel era un candidato indudable a subir de categoría a final de campaña, ha terminado convirtiéndose en un equipo con unos síntomas de debilidad impropios de un club de la categoría del vigués. Porque si por algo ha estado marcada la temporada de los celestes (en este su segundo año consecutivo en la categoría de plata) ha sido por la profunda inestabilidad, tanto sobre el césped como en el banquillo.

Tras Hristo Stoitchkov, Antonio López, Juan Ramón López Caro y Pepe Murcia, la llegada al banquillo celeste de Eusebio (segundo integrante del Dream Team que aterriza en Balaídos para hacerse con las riendas del equipo) a principios del presente mes de marzo, ha sido más vista como el inicio de un proyecto a medio plazo, con vistas al ascenso en la temporada 2009/2010, que como una solución de emergencia para la presente. Y quizá sea ése precisamente el mejor punto de partida posible para el técnico vallisoletano.

Entre medias del baile de técnicos acontecido en las últimas campañas, el Celta se vio obligado a acogerse a la recurrente Ley Concursal el pasado verano. La cuantiosa deuda acumulada por el club olívico forzó a que sus dirigentes tomaran esta medida con vistas a sentar las bases de un proyecto de futuro saneado económicamente. Con la sombra de los impagos a sus futbolistas (varios de ellos cobran cantidades cercanas al millón de euros anual) y de la amenaza del descenso administrativo por dichos impagos, la situación deportiva pasó a un necesario segundo plano.

Pero la afición, comprensiva aunque exigente, demanda algo más. Comprobar como un equipo que hasta hace bien poco se paseaba por los mejores estadios de Europa, se debate en la zona media-baja de la segunda división no debe ser plato de gusto para la hinchada de Balaídos.

El nivel de la plantilla celtiña es de los mejores de la categoría. Cuenta con gente de sobrada experiencia, como el meta Notario (que tan buenas temporadas cuajara en el Sevilla a principios de década) o el combativo mediocentro argentino Ariel Rosada, dos pilares básicos del equipo vigués en lo que llevamos de temporada. Además, varios jugadores aún desconocidos para la mayor parte de la afición española, empiezan a despuntar con la camiseta celeste. Es el caso del jovencísimo extremo diestro Dani Ábalo, canterano de la prolífica escuela celtiña que ya debutara en Primera de la mano de Fernando Vázquez, y que ha terminado asentándose en el equipo como una de sus figuras con mayor proyección. Otro de los nombres que deberán ser tenidos en cuenta en un futuro es el del delantero franco-argelino Kamel Ghilas, fichado el pasado verano procedente del Vitória de Guimaraes portugués. La responsabilidad goleadora del equipo ha recaído sobre él y sobre el brasileño Dinei, futbolista cedido por el Atlético Paranaense, delantero que parece haber convencido a la dirección deportiva celeste y por el que se va a intentar realizar un esfuerzo económico para obtener su pase.

El centro del campo lo adorna otro jugador con sobrada experiencia en Segunda. Roberto Trashorras es uno de esos futbolistas sobre los que se lleva años oyéndose hablar maravillas, pero que nunca termina de despuntar lo suficiente como para dar el salto. Tras cuajar dos buenas campañas en Las Palmas, Trashorras volvía a su tierra natal para ser el motor del centro del campo del Celta del ascenso, algo que aún está por ver. Llegados a este punto, tampoco podíamos pasar por alto a Borja Oubiña, quizá el jugador del celtiña más reconocido fuera de Vigo en las últimas temporadas. Tras su accidentada campaña en el Birmingham City, el mediocentro gallego volvió a su club de origen dispuesto a auparlo de nuevo entre los grandes. Pero pese a su fuerte ascendencia en el club celeste (se fue como capitán, y a su vuelta se le guardó tal honor), Oubiña no ha vuelto a ser el mismo de antes de su gravísima lesión. Su futuro, dice él, pasa y pasará por el Celta, pero es evidente que pretendientes no le van a faltar el próximo verano.

En DDF| Borja Oubiña vuelve a Vigo

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