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Sacando a los perros

Lyon

Cuando en la SER llamaron a Arbeloa, el lateral madridista estaba sacando a los perros. Me imagino al flaco jugador paseando con sus animales por una urbanización desierta, rodeado de césped, alumbrado suavemente por esos focos pequeños que circundan el camino, mirándose en el reflejo verdoso de una piscina abandonada con el móvil en la mano, intentando explicar qué había pasado hace una hora en el Santiago Bernabéu. Creo que es la primera vez que no he querido estar en su papel, que no he querido ser futbolista. Perder es duro pero hablar de la derrota es un ejercicio impúdico que yo no sabría hacer. Dar la cara no es atender a la prensa, por más que se diga; dar la cara es correr los noventa minutos, entrar sin miedo, dejar los músculos sobre el campo. La prensa lo ha tergiversado todo y la valentía se demuestra en la zona mixta. La intervención de Arbeloa ayer fue desasosegante, como la de Pellegrini o el resto de los que dieron explicaciones tras el bochorno de caer, de nuevo, en octavos de final, jugando en casa y ante un equipo que no está entre lo mejor del momento. La eliminación no tiene explicación racional, así es el fútbol. Dos tiempos diferentes, 45 minutos dinámicos, agresivos, donde faltó la suerte y 45 minutos a la deriva, con imprecisiones provocadas, intuyo, por el miedo o el cansancio.

Ayer un respetuoso lector me acusaba de ser “parcial” y “culé” en mi artículo sobre lo frustrante que puede llegar a ser plantearse metas imposibles. Dije que el Real Madrid es un equipo nuevo, que está empezando a andar que, aunque da buenas sensaciones –imposible no hacerlo con los jugadores con los que cuenta-, todavía no está entre los favoritos para ganar un grande como la Liga de Campeones.  Insistí en que el club debe avanzar paso a paso, sin presiones añadidas, sin escuchar a una prensa voraz ni caer en los juegos de provocación que la afición tanto agradece –pero que después tanto esgrimen en las derrotas-. Esto es una cosa seria, al fútbol sólo se gana desde el propio fútbol, el resto es accesorio, superfluo. Valdano anoche vino a decir lo que publicamos ayer en DDF, que el Real Madrid es “un proyecto que acaba de nacer”, es decir, que su inmadurez no le permite llegar a más, que no hay obligaciones sino deseos, que esto es una carrera de fondo.

Ni Guti ni Granero supieron dar la consistencia que Xabi Alonso contagia al equipo. Kaká, Higuaín y Cristiano Ronaldo hicieron en el primer tiempo lo que debían hacer, buscar el gol sobre todas las cosas. Fútbol directo, sin florituras. El Lyon parecía vencido tras recibir el madrugador gol del portugués. Cuando el primer tiempo acabo con un escueto 1-0 casi todos pensamos que el Real Madrid debería haber matado el partido cuando pudo hacerlo. La segunda parte empezó con una concatenación de errores tontos de los jugadores blancos, balones mal controlados o pases francos mal tirados. El equipo francés entendió que aquellos eran síntomas de miedo y se lanzó al ataque. El pitido final debió adelantarse quince minutos. El gol de Pjanic dinamitó el encuentro, acabó con la remontada y condenó al rival a esa búsqueda baldía del gol, a ese esfuerzo nunca recompensando de colgar balones, enfangarse en disputas con los defensas y ver como los minutos del video-marcador decían adiós con la mano.

Entre los malos hábitos que tenemos los aficionados tras las derrotas está la de buscar culpables. A algunos les da por el entrenador y a otros por el delantero. Buscar culpables es simplificar demasiado lo ocurrido anoche, personalizar la tristeza es cobarde. El club merece un poco de comprensión, queda la Liga, quedan los buenos jugadores, queda una estructura estable y un entrenador que, en mi opinión, es un ejemplo de sensatez y autoridad. El resto es catarsis tras el mal rato vivido Chamartín. Si hay que buscar culpables yo sería tradicional, mientras saco a los perros a mear contestaría al periodista ávido de titulares: “créame, tuvimos mala suerte”.

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