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Queiroz, el iluminado

pepe

Lo de Portugal tampoco debería sorprendernos tanto. Salvo por la ausencia mediática del cacareadísimo Cristiano Ronaldo, la aportación de Portugal en el próximo Mundial de Sudáfrica parece ser, por lo demostrado en el clasificatorio, la de una mera comparsa. El equipo no tiene profundidad, ni sabe a lo que juega, y basa su ofensiva en la acumulación de jugadores arriba, en el ímpetu desordenado con más corazón que cabeza. Lógico teniendo como maestro de ceremonias a un entrenador cuyo mayor mérito ha sido ser un hábil segundo entrenador. En Manchester, a la sombra del incorregible Ferguson, Carlos Queiroz ha querido creer que crecía. A lo Ten Cate, por poner un ejemplo. Que el técnico portugués fuera la solución de Florentino a la inexplicable marcha de Del Bosque en el Madrid de la 03/04 sólo nos hace dudar de la lógica del fútbol. Aquí todo vale, o eso parece. Desde luego, tras las charlotadas de Maradona en Argentina, las de Domenech en Francia y las de Queiroz con Portugal, la clasificación para la gran cita mundialista se antoja como un mundo de locos –o de incapaces-.

No hay cosa más peligrosa que un entrenador con conciencia de sí mismo. Un preparador de esa estirpe de iluminados. Qué peligroso es creerse un técnico trascendente, osado, disparatado y genial a partes iguales. Habría que ver que medicina toman los seleccionadores para sorprender siempre en sus convocatorias, buscar el más difícil todavía o dilapidar una fortuna futbolística –Portugal puede presumir de tener cuatro o cinco jugadores entre los mejores de su puesto- en pos de un juego melifluo y desordenado. Ejemplos ilustrativos de los iluminados en esta jornada mundialista: Benzema y Ribery en el banquillo, Higuaín en Madrid, Palermo convocado y Verón de titular, Simao de delantero…

Centrándonos en el país vecino, el dibujo táctico que puso sobre el tapete Queiroz en el último partido frente a Dinamarca en el Parken Stadium de Copenhague, donde se jugaban buena parte del billete hacia la cita sudafricana, fue un desaguisado difícil de entender. No hay dudas, en mi opinión, sobre la calidad de Pepe como central; sin embargo en su selección se convierte en un mediocentro tapón con pocas libertades para subir al ataque. Sobra decir que para un jugador acostumbrado a un puesto fijo en su club –salvo en medio tiempo durante un amistoso reciente siempre lo he visto jugar de defensa en el Madrid- cambiar de posición es un obstáculo añadido. Duda de lateral izquierdo es también desaprovechar las virtudes en ataque del jugador malaguista. Pero donde ya no doy crédito es en la apuesta ofensiva, sin delantero centro puro. Con Simao y Cristiano arriba. Dos jugadores de banda –por mucho que el madridista se vuelque en las zonas centrales de la vanguardia, siempre lo hace partiendo de algún costado- jugando a ser delanteros. Los diecinueve tiros a puerta no pueden servir de cortina de humo. Portugal no puede marcar goles sin delanteros. Es imposible, va contra los más elementales principios futbolísticos. Así le ha ido a Spalletti, por cierto.

Un seleccionador nacional no puede montar un equipo como quien juega al Pro, no sólo son datos y estadísticas, también perfiles, grupo humano, las virtudes del equipo conjugadas con las virtudes individuales. No pueden ser fichas puestas por capricho a lo largo del rectángulo de hierba. Otro ejemplo: la suplencia del nacionalizado Liedson –para un delantero solvente que la selección puede permitirse- es una muesca más en el desvencijado mecanismo portugués. El adiós de Pauleta, la irregularidad de Nuno Gomes y las excentricidades tipo Makukula tienen sumidos al combinado nacional en una depresión y descrédito ofensivo, de nulidad goleadora, que puede alejarlos de un Mundial tras unos años lustrosos –subcampeón de la Eurocopa 2004, semifinalista en el mundial 2006…-. Queiroz no sirve para este puesto. No tiene soluciones, sólo crea problemas. El equipo no puede estar tan lejos de aquel peligroso combinado de Scolari. ¿Por qué se empeña en hacerlo tan difícil? Pepe de pareja atrás con Bruno Alves. Cristiano y Simao a las bandas. Meireles y Moutinho o Deco al centro. Liedson o Nuno arriba. No quiero refrendar eso de que todos tenemos un seleccionador –aunque sea luso- dentro, pero…  ¿y si en fútbol 2 + 2 son 4? El próximo miércoles, en Hungría, la respuesta.

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