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Premier League 2009/10: zona media

7262232Analizábamos ayer desde estas mismas páginas lo que nos espera en esta Premier League 2009/10 recién arrancada, en lo que a la zona baja de la tabla se refiere. Subiendo por la clasificación, hacemos hoy parada en la zona media, espacio tan indefinido como inconstante en sus habitantes.

La llegada al banquillo del Wigan Athletic del español Roberto Martínez ha dirigido buena parte de las miradas de los aficionados españoles al fútbol inglés hacia la pequeña localidad del noroeste inglés. Acostumbrado a ser una comparsa desde que ascendiera, por primera vez en su historia, a la Premier League en la temporada 2006/07, los objetivos de los Latics parecen haber cambiado con la llegada del ex técnico del Swansea (y ex futbolista del club) al vestuario. Ya no se busca aferrarse a la permanencia, ahora las metas son mayores. El club lo tiene todo para seguir creciendo y establecerse en la categoría y el propio técnico catalán no ha despreciado la opción de meterse en la pelea por Europa a final de la temporada actual. Junto a Roberto llegó desde Gales el punta triniteño Jason Scotland, por dos millones de libras, que se une al ex espanyolista Jordi Gómez (procedente también del Swansea) como fichaje estrella del club. El paso adelante para dejar de ser un equipo con aroma a ascensor para convertirse en un aspirante a Europa pasa por la aclimatación de Martínez al equipo y a las exigencias de una nueva competición para él.

La llegada del multimillonario (o eso parecía) Alexandre Gaydamak, en enero de 2006, convirtió al Portsmouth, habituado a categorías inferiores, en un clásico efervescente de la Premier League. Sus buenas actuaciones ligueras, siempre rondando puestos europeos, y su preciada FA Cup de hace dos temporadas le situaron en el punto de mira de todos los aficionados. Pero la era Gaydamak acabó sucumbiendo al peso de los créditos (aquellos que permitieron mantener al equipo en la zona media/alta de la tabla siendo un recién ascendido), y la salida del magnate ruso del club sureño ha acabado degenerando en una obligada desbandada de algunas de sus pretéritas estrellas. Peter Crouch, Jermaine Defoe, Sol Campbell o Glen Johnson han ido dejando el club, que, a pesar de todo, mantiene en nómina a brillantes futbolistas como Niko Kranjcar, John Utaka o Nwankwo Kanu. En cuanto a sus recientes incorporaciones veraniegas, éstas son más de equipo de zona media de la tabla que de un aspirante a Europa, como sucedía hace un par de campañas. Fréderic Piquionne, potente delantero con un físico muy ‘Premier League’ y cedido por el OL, el lateral belga Anthony Vanden Borre, o el sudafricano Aaron Mokoena (sustituto natural de Lass Diarrà), son las principales incorporaciones del equipo. Y todo ello a la espera de que, algún día, por fin, termina de explotar el esperado (algunos aún le mantenemos la fe) David Nugent. El rendimiento del equipo es una auténtica incógnita: capaz de lo mejor, pero también de lo peor.

La llegada la pasada campaña de Gianfranco Zola a Upton Park nos hizo disfrutar de uno de los binomios técnico/club mejor identificados, el uno con el otro, de la competición. El gusto por el fútbol estético de la Academy hammer encajaba a la perfección con la percepción futbolística de la vieja estrella italiana. Y los resultados no se hicieron esperar. Fiel a sus principios, MaraZola ha sabido controlar la marejada que supuso el desembarco islandés en el club del este de Londres y sólo las numerosas lesiones del pasado año impidieron al equipo pelear la entrada en Europa. La base del equipo seguirá siendo la misma del pasado año, con el chileno Luis Jiménez, cedido por el Inter, como uno de los principales baluartes ofensivos, y el centrocampista Scott Parker como uno de los tirantes que sustentan el peso del equipo en el centro del campo. Sin grandes incorporaciones, siguiendo la tónica general de la competición, los de Zola tratarán de repetir la desahogada campaña del año pasado, siempre con la vista puesta en los puestos de arriba.

La brillante campaña protagonizada el pasado año por el Fulham del veteranísimo Roy Hodgson, clasificación europea inlcuida, coloca a los Craven Cottage en una delicada tesitura: la exigencia pasa por repetir el éxito pasado, pero la realidad bien podría ser otra bien distinta. No hay mimbres en la rivera del Támesis para optar a algo más que un desahogado puesto en mitad de la tabla, y entrar en Europa debería ser siempre considerado como un premio excepcional. No ha sido nunca el club de Mohamad Al-Fayed un habitual de grandes dispendios, y esta temporada han mantenido la tónica. Sólo la llegada del centrocampista noruego Bjorn Helge Riise (hermano menor de John Arne) y del lateral irlandés Stephen Kelly han venido a completar la modesta plantilla de Hodgson, que sigue, sin embargo, manteniendo a los Schwarzer, Pantsil, Danny Murphy, Bobby Zamora y, sobre todo, al centrocampista noruego Brede Hangeland, pieza codiciada por varios clubes poderosos del país durante el presente verano. Ilusionados ante su primera participación europea, no deben descuidar su participación en una liga que se presenta tremendamente igualada.

Desde que Martin Jol abandonara el banquillo de White Hart Lane, la inestabilidad ha caracterizado al Tottenham Hotspur. La etapa Juande Ramos acabó, poco más o menos, como el Rosario de la aurora, con acusaciones hacia el técnico español de buena parte de su plantilla. La llegada de Harry Redknapp a mediados de la pasada campaña trajo algo de cordura al club londinense. En este su segundo año, el primero completo, Redknapp ha perdido al mediocentro Didier Zokora (destino Sevilla), pero ha completado, con la incorporación de Peter Crouch (9 millones de libras al Pompey), una delantera de lujo, junto a Robbie Keane, Jermaine Defoe y Roman Pavlyuchenko, aún a la espera de la adaptación definitiva del ruso. La baza del menudo croata Luka Modric, auténtica estrella del club de Daniel Levy, deberá ganar importancia en el peso específico del equipo. Apuntarán sin duda al Top Four, pero un puesto en Europa debería ser premio suficiente para un equipo aún en construcción.

Candidato eterno, desde la llegada del escocés Martin O’Neill al banquillo de Villa Park, a un puesto entre los cuatro mejores, el Aston Villa necesita dar por fin ese salto (no tanto de calidad como de efectividad en su juego) para poder colocarse, de una vez por todas, a la altura de los mejores. La estupenda hornada de jóvenes comandada por Gabriel Agbonlahor (si no ha salido ya de Birmigham con destino a otro club de mayores aspiraciones, es difícil que lo haga) y el emergente Ashley Young, debería tener un premio a la constancia, pero, año tras año, acaban sucumbiendo ante el poderío de los clásicos cuatro grandes de la historia reciente de la Premier League. Para colmo de males, este verano perdieron a su buque insignia y gran capitán, Gareth Barry, tentado por la mareante oferta del Man City, cuya marcha no puede ser tapada con la llegada del otrora prometedor y hoy algo estancado extremo Stewart Downing, del Middlesbrough. O’Neill necesita, especialmente tras la salida de su capitán, la llegada de al menos dos nuevos centrocampistas, especialmente uno de carácter creativo para acompañar a Nigel Reo-Cocker y al joven James Milner, creciente figura con recién estrenada internacionalidad. Pesará la salida de Barry, pero deben aspirar a quedar entre los seis primeros, un año más.

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