Premier League 2009/10: zona alta
En el Año I d.C.R. (después de Cristiano Ronaldo), el título de la Premier League volverá a estar, después de tres años de absoluto dominio del United, tan abierto como todos los aficionados lo hubiéramos deseado. La ausencia del portugués en las filas mancunianas abre un abanico de teóricos candidatos a los primeros puestos, facilitando el camino, sobre el papel, a sus habituales competidores por el título, y alterando, como decíamos días atrás, el statu quo vigente en la competición inglesa hasta el pasado mes de julio.
Sin Cristiano, el Manchester United pierde capacidad resolutiva y, sobre todo, poder intimidatorio. No son lo mismo Michael Owen, sorprendente e inesperado fichaje, y Antonio Valencia que el astro de Madeira. No obstante, el equipo sigue contando con una doble baza a su favor: mantiene un bloque muy similar al de campañas anteriores (pese a haber perdido también a Carlos Tévez), con una columna vertebral bien definida y ensamblada, y, sobre todo, cuenta con el valor añadido que siempre supone la presencia de Sir Alex Ferguson en el banquillo. Si este no es el año del búlgaro Berbatov, fichado a bombo y platillo la pasada campaña, debería plantearse definitivamente un cambio de aires. Ojo a la portería, Edwin van der Sar no puede ser eterno. Pero pese a todo, pese al movimiento en los cimientos del club que debe haber supuesto la salida de Ronaldo, el conjunto de Old Trafford sigue siendo el claro favorito al título, aunque este año haya abierto de par en par las puertas de la esperanza para sus habituales perseguidores.
La luz al final del túnel en el que se había metido el Chelsea tras la inesperada y tormentosa salida de Jose Mourinho, la breve era Avram Grant, los bandazos dados con la llegada de Scolari y el parche repentino de Guus Hiddink (quien consiguió enderezar el rumbo y completar una más que decente temporada, título de FA Cup y semifinales de Liga de Campeones incluidas), debe iluminar la llegada de un Carlo Ancelloti que llega con la complicada misión de romper con la peligrosa dinámica de equipo perdedor en la que parecen verse inmersos los Blues desde aquel mes de septiembre del 2007. Pero esta vez la cordura se ha impuesto, y a falta de una maniobra de Abramovich en estos últimos días de mercado (lo de Agüero parece imposible, a unas horas de su previsible debut en Liga de Campeones), los de Fulham Road no han roto el mercado con ningún fichaje de relumbrón. Yuri Zhirkov, ansiado lateral zurdo, el joven punta Daniel Sturridge y el semidesconocido centrocampista serbio Nemanja Matic son, de momento, las únicas incorporaciones en Stamford Bridge. La plantilla, aunque algo caduca ya, parece diseñada al detalle para el estilo habitual de Carlo Ancelloti. A pesar de todo, sigue faltando algo de clarividencia en la zona de creación (Joe Cole resulta insuficiente para crear juego), atestada de músculo pero algo escasa de cerebro. La recuperación de Deco, ausente durante buena parte de la pasada temporada, puede ser una de las claves en el rendimiento del centro del campo de Ancellotti. Los Blues siguen siendo un coloso, pero de culo pesado y maniobra lenta.
En Liverpool, Rafa Benítez finalmente perdió su batalla contra Xabi Alonso, y el tolosarra acabó abandonando Melwood tras cinco temporadas de intachable servicio. Quizá la salida del centrocampista vasco y la llegada de su sustituto, Alberto Aquilani, sea la principal novedad del equipo. Una baja de tanto peso específico tiene que notarse por fuerza en el juego del equipo y la adaptación de Aquilani está aún por ver. Steven Gerrard seguirá siendo el gran motor sobre el césped. De su rendimiento y su estado de forma, impecable en las dos últimas temporadas, dependerá en gran medida el objetivo que debe marcarse el Liverpool, junto al acierto de Torres de cara al gol. La pelea por el título debe ser toda una obligación. Benítez ha tenido tiempo ya más que suficiente para diseñar una plantilla a su gusto y colocar cada pieza en su lugar correspondiente. Es lógico que el siempre agradecido aficionado Red empiece ya a cansarse de ver a su equipo como un gigante en eliminatorias europeas a doble partido, pero un intrascendente e irregular aspirante al título. Recupera Benítez también al cedido Andriy Voronin, que viene de cuajar una sensacional temporada en el Hertha, y que, pese al overbooking de jugadores de tres cuartos de campo, debería desempeñar un papel importante en el juego del equipo. Si logra romper la preocupante tendencia al empate en campo propio mostrada el año anterior (hasta siete empates en Anfield), estará hasta el final en la pomada.
El eterno debate sobre la idoneidad de la filosofía Wenger puede tener esta temporada el primer argumento serio a favor de los detractores del francés. El Arsenal afronta en la presente temporada la prueba de fuego de resistir el acoso de los aspìrantes al cuarto puesto (fundamentalmente, Manchester City y Everton), con dos nuevas bajas de importancia. Sin la experiencia de Kolo Touré en la zaga, y la garantía de goles de Adebayor, Wenger deberá sacar petróleo de donde hasta ahora sólo había arena (fina y blanca arena, eso sí). Para colmo de males, las dos figuras ex gunners han ido a reforzar precisamente al máximo favorito para arrebatarles su preciada posición dentro del Top Four. Pretender depender toda una temporada, en cuatro competiciones, del estado de forma de Cesc Fàbregas (gran éxito el lograr retenerlo un año más) y del acierto y madurez de un puñado de jóvenes promesas entusiastas, se antoja insuficiente para un equipo que hasta hace dos o tres campañas era siempre un aspirante al título evidente. Ya lo advirtió, con cierto descaro, Kolo Touré en su llegada a Manchester. En cualquier caso, siempre se podrá tener esperanzas en las toneladas de clase de Andriy Arshavin. Ojalá la propuesta de Arsène vuelva a triunfar. El problema es que, de un tiempo a esta parte, el concepto de “triunfo” ha variado sustancialmente en las oficinas de Drayton Park.
La millonada invertida durante este verano por el Manchester City no puede quedarse en el limbo. El vértigo debe haberse instalado en la zona celeste de Manchester, porque la exigencia de éxitos tiene que ser total y absoluta, y pasar de ser una comparsa pretenciosa, a tener que ser por fuerza un aspirante a todo, no es un paso sencillo. Y si los nervios de Mark Hughes deben de estar tensos como la cuerda de una guitarra, no menos deben estarlo los de Benítez o Wenger. La alternativa del City debe ser ya una realidad tras el fiasco del pasado año. Esta versión 2.0, y tremendamente mejorada, del sueño de un jeque rico, presenta una nómina tal de estrellas que el papel de segundón puede llegar a hacerle mucho daño. Y es que a los fichajes de Gareth Barry, Kolo Touré, Emmanuel Adebayor, Roque Santa Cruz y Carlos Tévez, deben unirse los nombres de futbolistas como Robinho, Stephen Ireland (auténtica debilidad personal), Micah Richards o Vincent Kompany. Y todo tras las negativas reiteradas de Samuel Eto’o, Carles Puyol o John Terry (a los que habría que haber visto en la tesitura si el entrenador del City hubiera sido alguien con mayor crédito que Hughes). Una plantilla, en definitiva, para soñar con cualquier empresa. Debe pelear, como mínimo, por entrar en Liga de Campeones (si no, a Sergio Cortina puede entrarle cualquier mal).
Al lado de los dispendios y los fastos del City, la candidatura del Everton podría pasar por alto sin mayor trascendencia. Pero no deben ser subestimados los de David Moyes. Conjunto equilibrado, bien ensamblado y con un grupo fuerte y cohesionado, los Toffees llevan ya varios años en posiciones de privilegio (ya alcanzaron hace tres años la previa de Liga de Campeones), sin ser un equipo ni mucho menos tan poderoso como los integrantes del Top Four. La recuperación de Mikel Arteta, capital en el juego de los de Goodison Park, y la siempre importante aportación del todocampista australiano Tim Cahill, deben ser las bases del éxito. La clase de Leon Osman por la banda derecha, la fuerza del belga Marouanne Fellaini en el eje del campo, y la excelente pareja defensora formada por Phil Jagielka y Joleon Lescott terminan de perfilar un conjunto estable, poco ruidoso, pero con demostrada eficacia. Spurs, Villa, Arsenal y Man City, sus principales rivales en la lucha por ser el mejor outsider.