Paul Gascoigne, genio y locura
Desgraciadamente no es novedad. Estos días ha saltado la noticia de que Paul Gascoigne se encuentra viviendo en la calle, y que muchos de sus conocidos creen que no aguantará mucho más. Así, desde la tristeza y, a pesar de todo, un poco de esperanza, lanzamos este post como pequeño homenaje al que fue, pese a todo, un maravilloso futbolista.
Gascoigne nació en 1967 en Gateshead, en el seno de una familia desestructurada. Obsesionado desde pequeño por el fútbol, se pasaba el día en la calle dando patadas a los balones, y se cuenta que un día su profesor le pilló ensayando autógrafos, “para el día en que fuera un futbolista famoso”. Aunque desde pequeño ya destacó en su deporte, su infancia no fue nada fácil, con crecientes cambios de domicilio, la muerte de un amigo atropellado de la que fue testigo, y también la de su padre tras una penosa enfermedad. Todos estos incidentes, sumados a su inestable personalidad, le llevaron a sus primeros problemas con el alcohol, y también con la ley en forma de pequeños hurtos.
Sin embargo, Gazza –como ya era conocido en su barrio- tenía además un talento fuera de lo común para el fútbol. A los 18 añitos ya aparece como una de las grandes promesas del Newcastle United, con cuyo filial gana la Copa de Jóvenes en Inglaterra. Su trayecto de tres años por los urracas ya estuvo aderezado por los correspondientes problemas de comportamiento y de peso, pero los detalles que dejó en Saint James’ Park fueron suficientes para que los clubes más punteros se fijaran en él. El Manchester United pujó fuerte por sus servicios, pero fue al final el Tottenham de Terry Venables el que se llevó el gato al agua. Ferguson diría más tarde que no tener a Paul bajo sus órdenes fue una de las grandes decepciones de su carrera como entrenador.
Con la camiseta de los Spurs Gazza vivió sus mejores años y desarrolló su mejor fútbol. En sus mejores partidos se trataba de un jugador imparable, de técnica exquisita y regate eléctrico, con una carrocería de hierro que hacía casi imposible quitarle el balón, y lleno de potencia. Sus dos años White Hart Lane fue la estrella indiscutible, y quedará para el recuerdo su actuación en la Copa de 1991, una alegoría de su carrera: tras llevar al equipo a la final con enormes actuaciones y seis goles –uno memorable, de tiro libre, al Arsenal en semifinales- se rompió el cruzado al intentar realizar una entrada criminal a la rodilla de Gary Charles, cayendo fulminado poco después cuando, sin ser consciente aún de la lesión, un libre directo lanzado por Stuart Pearce le golpeó. El Tottenham acabó ganando la copa, y él lo vio desde el hospital.
Al año siguiente Gazza fue al Lazio, cada vez más convertido en un jugador de apariciones puntuales. Sólo volvería a alcanzar cierta regularidad en su posterior paso por el Rangers, pero ya estaba en la caída libre que le ha acabado llevando a su penosa situación actual, de la que es mejor no hablar. En su lugar, nos quedaremos con sus grandes perlas: el gol que empató el derby de Roma en el último minuto, el tanto tras sprint por todo el campo en su primer Old Firm, el hatrick contra el Aberdeen que dio el título al Rangers, su maravillosa actuación en el Mundial de Italia, donde acabó en el equipo ideal del torneo y sus lágrimas dieron la vuelta al mundo, y su canto del cisne, la volea a Escocia en la Eurocopa de Inglaterra; ese gol que a todos nos hizo pensar en todo lo que nos quitó el desequilibrio mental de este enorme futbolista. Genio y locura.