OK Solari

Como dice el poeta Pablo García Casado: el fútbol es una suerte de regresos. Esta tarde el Barcelona se enfrenta al Atlante mexicano, son las semifinales del Mundialito de clubes, duelo de elásticas azulgranas. El verso gana fuerza cuando veo la fotografía de Santiago Solari en la prensa deportiva. Tras su marcha del Inter le perdí la pista, primero fue a Argentina y después ya no supe. Leo que se fue a México, a Cancún, para enrolarse en las filas de los Potros de Hierro. También leo que no ha tenido muchos minutos pero que hace unas semanas al fin alcanzó la titularidad. Realmente no importa, El Indio sólo apura sus últimos años de profesional en una liga menos exigente, menos física, más propicia para el adiós tranquilo. Esta tarde el argentino volverá a cruzarse por nuestras retinas, sobre el césped del Estadio Sheikh Zayed, para jugar en su costado bueno, para buscarle las costuras al equipo que, según confiesa, es el mejor del mundo.
Solari nunca fue una estrella. Llegó del Atleti al club vecino sin demasiado ruido. Siempre fue el jugador número 12, el que venía a dinamitar el partido, a cambiar esa tendencia que conducía al equipo hacia la nada. Recuerdo sus partidos con el Madrid como una sucesión de minutos finales eléctricos, de penetraciones por el costado zurdo y balones colgados a Raúl, Morientes o Ronaldo. Nunca fue decisivo pero tampoco desentonó en los años que se vistió la camiseta del equipo blanco. Si le propusiéramos elegir un partido para el recuerdo seguro que se le vendría a la cabeza el estadio de Hampden Park, en Mayo del 2002. Allí jugó de titular, con el dorsal 21, en la final ganada al Bayer Leverkusen de Lucio, Ballack o Berbatov en la Liga de Campeones. Tal vez fue su mejor año. Después una liga y la rápida exclusión del Madrid de los galácticos. Su marcha a Italia tampoco entristeció mucho a la afición, más pendiente de Baptista, Ramos o Robinho que del adiós al de Rosario.
En Italia tampoco fue titular y aunque levantó algunos títulos con este Inter de Milan renacido tras el ocaso de la Juve y el Milan por motivos extradeportivos, no puede decirse que triunfara en un fútbol donde prima más el físico que la técnica. Después el retorno a Argentina con San Lorenzo de Almagro y por último, este último suspiro futbolístico que hoy lo hace, de nuevo, protagonista. En su memoria, todo lo que celebró: tres torneos con River Plate, dos Ligas españolas, una Champions, la Supercopa de Europa y una Intercontinental con el Real Madrid, y tres Ligas con el Inter de Milán. Enorme bagaje para un jugador olvidado por su selección nacional con una zurda que afinada podía sorprender a cualquier portero y que hoy vuelve para jugar su último gran partido como futbolista en activo.
Siempre fue un jugador atípico, que admite que su disco preferido es el Ok Computer de Radiohead, que se declara incondicional de Portishead o Massive Attack y que lamentaba, en una entrevista de hace unos años, no haber podido ir a ver a Sigur Ros o a Coldplay. Ahí tiene tema para hablar con Guardiola al final del partido, pero sólo tras el pitido final. Antes, y le cojo la cita de una entrevista publicada hoy: Sólo espero que cuando nos maten, sea de frente, que las flechas se nos claven en el pecho. Será que dimos la cara.