Mendilibar ajusta cuentas pendientes
El Valladolid está siendo otra de las sorpresas de esta Liga, junto al Málaga, el Racing y el Sporting. El equipo está haciendo una temporada formidable bajo la batuta de José Luis Mendilibar. Es un equipo con personalidad propia, bien trabajado y que a día de hoy se encuentra muy alejado de la zona peligrosa. El Municipal José Zorrilla albergaba este fin de semana un envite de raza entre dos equipos con buenos números y el Valladolid mordió a los leones (resultado final: 2-1).
Los pucelanos se encuentran en estos momentos en la novena plaza de la tabla con 30 puntos (9 victorias, 3 empates y 10 derrotas). A pesar de los mensajes de optimismo que llegan desde dentro del vestuario, es posible que el Valladolid deba conformarse esta temporada con no pasar apuros para mantener la categoría, lo que ya sería un verdadero logro. Ahora mismo, el equipo se encuentra a 10 puntos de los puestos de descenso, lo que supone una renta interesante.
El partido contra el Athletic de Bilbao era importante por varias razones: 1) El equipo venía de ganar contra pronóstico al Atlético de Madrid en su visita al Calderón (1-2) y hubiera sido un jarro de agua fría no conseguir tres puntos que continuaran con la tendencia positiva; 2) Los leones son un buen test deportivo en este momento porque son un equipo con confianza, especialmente combativo y además, un rival directo en la pelea por la comodidad clasificatoria; y 3) Los pucelanos venían de tener problemas durante algunas semanas y la victoria en casa refuerza la autoestima del vestuario y de su entrenador en especial.
Los partidos contra el Athletic siempre son especiales para Mendilibar, hombre de la casa bilbaína y un obrero del fútbol. En el año 2005 llegaría al primer vestuario después de una campaña excelente en el Eibar, que casi asciende a Primera bajo su dirección. La oportunidad era un reto profesional para el míster, que fue interrumpido de manera prematura tras un inicio de campaña muy negativo. Es posible que desde entonces piense en una revancha deportiva, que sin duda se merece.
En 2006 llegaría a Valladolid con la obligación de devolver a los pucelanos a la División de oro del fútbol español. Ese mismo año cumpliría con el objetivo y el año pasado en Primera mantendría al equipo en puestos de permanencia. Este año el objetivo es similar, pero el vestuario vive un momento dulce. El entrenador se ha ganado la confianza de la afición y ya superó los 100 partidos en la dirección de los de Pucela, un dato importante ya que sólo seis DT lo han conseguido: Vicente Cantatore (174 partidos); Antonio Barrios (143), Pepe Moré y Esteban Platko (137) y José Luis Sado (133).
Uno de los activos más importantes de este Valladolid es su centrocampista Pedro León. Un jugador con calidad por banda derecha, buen centro al área y gran disparo, que no sólo destaca por su fortaleza y espíritu dentro del campo, sino también por su humildad fuera del césped. En estos momentos es una de las armas más eficaces a la hora de crear peligro en las filas pucelanas y tal vez, si consigue mantenerse en buena forma, se convierta en una de las claves de una permanencia sin apuros.
Otra de las notas especiales de este Valladolid es para su guardameta Sergio Asenjo, pretendido por varios clubes y ahora lesionado. Un portero de mucha calidad y con una carrera prometedora, que se ha convertido en un verdadero seguro bajo los palos. Posiblemente sea el jugador pucelano con más atractivo para el mercado de fichajes y su venta, si se hace convenientemente, puede ser un espaldarazo económico para la entidad.
Por el contrario, tal vez el delantero Henok Goitom es quien más dudas está despertando entre la afición y la prensa castellana. Es un delantero alto (1,89 m.), lo que puede darle un aire poco elegante. Las críticas se centran en su incapacidad para ser una verdadera referencia del equipo. Lo cierto es que por ahora el jugador sueco no ha demostrado mucho, no es especialmente goleador, ni demasiado hábil con el desmarque o el regate. La grada espera que confirme las expectativas, pero el tiempo se agota.