Maniche (por fin) dice adiós al Atleti
La actualidad de la semana, con la Liga de Campeones como principal protagonista, ha ocultado bajo su espesísimo manto el resto de las noticias dignas de comentario que han surgido en los últimos días. El pasado miércoles, por ejemplo, Maniche y el Atlético de Madrid se encargaban de dar definitiva forma a lo que ya se había convertido en una especie de déjà-vu inconcluso. El centrocampista portugués rescindía su contrato con el club colchonero, tras dos temporadas en las que los desencuentros y sinsabores han sido muy superiores a los buenos momentos.
Campeón de Europa con el Oporto de Jose Mourinho, Maniche llegó al Calderón tras una improductiva estancia de dos años en Moscú (jugando para el Dinamo) y en el Chelsea. Fue en su primer año como rojiblanco cuando realmente ofreció lo mejor de sí mismo, lo que los aficionados recordábamos de aquella durísima y competitiva media del Oporto del 2003.
Pero pronto llegaron los desencuentros. La relación del portugués con el anterio técnico colchonero, Javier Aguirre, fue dando tumbos hasta que terminó por resquebrajarse, propiciando la salida temporal de Maniche hacia el Inter de Milán. Fue el comienzo del fin.
La inestabilidad congénita que caracteriza al club rojiblanco no jugó a favor del centrocampista luso. Sus condiciones futbolísticas (mucha pelea en el centro del campo, intensidad en la presión y recuperación del balón, y una nada despreciable capacidad de jugar la pelota) acabaron minimizadas ante la permanente tormenta que parece azotar las instalaciones atléticas.
Con la llegada de Abel Resino la situación no mejoró. Pese a un más que aceptable comienzo de campaña (aún a las órdenes de Aguirre, quien hubo de levantar la mano sobre el ‘castigo’ impuesto al portugués ante la imposibilidad del club de encontrarle acomodo), en el que parecía haberse recuperado para la causa, la situación de Maniche dio un giro, ya irreversible, tras conocerse los problemas surgidos en la renovación de su contrato. Su suplencia en el partido de Oporto (sin duda, un partido especial para él), en los octavos de la Liga de Campeones y con su equipo jugándose la temporada a una sola carta, fue la chispa que encendió la mecha.
Hace diez días, el propio Maniche y Seitaridis, obligados como el resto de los no convocados o sancionados a seguir los partidos de su equipo en directo, eran apartados del equipo por no personarse en el Calderón durante la disputa del Atlético-Sporting. La situación se tornó insostenible para ambas partes, y la decisión de rescindir el contrato, tomada de manera consensuada, ha terminado siendo la única salida posible a un problema que parecía enquistarse más y más a cada mes que pasaba.
El Atleti pierde a un magnífico centrocampista, pero suelta lastre y da un paso más para lograr la ansiada estabilidad deportiva e institucional.