Los méritos de Rijkaard

El Barça tiene un estilo consolidado, eficaz y admirado en todas partes. Guardiola ha encontrado en la plantilla el punto justo de equilibrio, la precisión del toque, la creatividad arriba, la ocupación razonable de las bandas. Todo el mundo habla hoy del mejor equipo del mundo, del candidato a todo, del coleccionista de trofeos, de la envidia futbolística del planeta. Es innegable la mano del de Santpedor en el magnífico ciclo azulgrana pero hoy, tras curiosear para ver como anda el Galatasaray en la Europa League, he recordado la labor de Rijkaard en el club barcelonista. Creo que aquel equipo victorioso fue el embrión de este bloque gracias, por ejemplo, a la dosificación de Messi, el asentamiento de Valdés o Márquez y la purga de una plantilla asimétrica, desvencijada y reflejo de un estado institucional catastrófico en los años últimos del mandato de Núñez y de Gaspar. El Galatasaray ha acabado primero de su grupo, las cosas siguen saliéndole bien al holandés, ahora en Estambul.
Tal vez el asunto no acabó tan bien como debió en Can Barça. Morir de éxito, se decía. Tras las dos ligas avasalladoras y aquella Champions ganada en Saint-Denis, parecía que los jugadores estaban saciados de triunfo. Finalmente el equipo fue un poco por inercia, con menos brillantez, con menos soltura, hasta que fue agarrotándose, perdiendo el brillo que lo encumbró, y a la sombra de un Madrid irregular pero explosivo; víctima en Europa, además, del empuje británico. Cuando en el 2008 finiquitaron al entrenador holandés, la sensación fue de alivio, de freno a una tendencia maléfica. Si algo se le pudo achacar a Rijkaard en aquella época fue su condescendencia con los excesos de sus jugadores franquicia, su incapacidad para remover los obstáculos, ese perfil budista definido con la máxima: los problemas no se solucionan, simplemente acaban desapareciendo.
El éxito de Guardiola vino a confirmar que realmente el equipo andaba en horas bajas. La marcha de Ronaldinho, Deco, Edmilson, Oleguer, el toque de atención a Eto´o, y unos cuantos fichajes pretendían ser los revulsivos que buscaba Laporta tras acabar una etapa ensombrecida en las dos últimas temporadas, con moción de censura incluida. Lo que hizo el Barcelona durante la temporada 2008/2009 ya ha pasado a la historia del fútbol, con su correspondiente pedestal para el joven técnico procedente de la cantera. Pero, ¿hasta qué punto el equipo aprovechó los automatismos, las nociones de presión o el juego al primer toque reinstaurado por Rijkaard? De los fichajes sólo Keita, Alves, Piqué y Busquets se afianzaron en un equipo donde descollaron Iniesta, Messi, Xavi, Valdés, Puyol y Eto´o, columna vertebral de aquel Barça que asombró a los aficionados comandado por el bueno de Frank. A su vez, nada sería posible sin ese otro equipo mítico de Cruyff, con el sistema tan interiorizado desde el cadete de primer año hasta el más veterano de la plantilla. Pero es otra historia. Con el paso del tiempo las etapas se retroalimentan, se enriquece con el pasado mirando siempre al futuro, es obvio que somos una parte de lo que fuimos; pero en fútbol, en este caso, Rijkaard había abierto una senda transitable en lo más espeso de la jungla.
Mención, pues, al buen inicio del Galatasaray. Los leones van terceros en la Süper Lig turca, a un solo punto del primero –un sorprendente Kayserispor- y se han clasificado como líderes del Grupo F en la Europa League. Con fichajes de perfil bajo como Leo Franco, Kader Keita o Mustafa Sarp, con la única incorporación de relumbrón de Elano, y con un bloque basado en jugadores veteranos –Nonda, Kewell, Baros, Linderoth, Çetin-; el club pretende igualar aquella gesta del 2000, en la que levantó la Copa de la UEFA invicto en el Parken Stadion.
Un hueso duro para el siguiente cruce eliminatorio en la segunda competición internacional europea, una plantilla discreta pero exprimida con criterio. Será un equipo difícil por la afición del Estadio Ali Sami Yen y, por descontado, por la mano milagrosa de un técnico que ya ha acariciado la gloria en el fútbol europeo.