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Los héroes de Hodgson

Cumplido el tercer minuto de tiempo añadido, el noruego Oddvar Moen le mostró la cartulina roja a Danny Murphy. El centrocampista inglés del Fulham nunca tuvo una expulsión más dulce. Miró al marcador, el uno a uno que valía el pase a los octavos de la UEFA Europa League, y giró el cuello hacia los 350 aficionados londinenses desplazados hasta Ucrania. Y quizá se acordó, yo al menos así lo hice, de los centenares que acompañaron a su equipo aquella tarde primaveral de 2008 a Manchester, al estadio del City, a lo que parecía un seguro funeral. A sólo dos jornadas del final de la Premier, los resultados en el descanso condenaban al Fulham al descenso. Con dos a uno en el segundo tiempo, Murphy asumió el reto de lanzar un penalti para los suyos. Lo falló, pero cazó el rechace para empatar y, en otros minutos felices de tiempo de prolongación, filtró un balón interior medido a la carrera de Kamara, que marcó el gol de la victoria.

El Fulham ganó los dos siguientes partidos, el último con un agónico cabeceo de Murphy en la recta final, y por eso anoche, casi dos años después, los héroes de Roy Hodgson tuvieron la posibilidad de hacer historia al eliminar a domicilio en el Donbass Arena, al Shakhtar Donetsk, actual campeón del torneo.

La relevancia del Fulham en el fútbol mundial es inversamente proporcional a la de su privilegiada situación en el planeta. El entrañable Craven Cottage, con sus gradas acolumnadas y su inconfundible cubierta, se alza al final de Fulham Road, junto a King’s Road, en el Oeste de Londres, pegado al Támesis. La actual es la segunda aparición europea del club que preside Mohamed Al-Fayed, tras un billete anterior logrado a través de la Intertoto. Sin títulos, eclipsado por el brillo de varios de los demás clubes londinenses, el Fulham ha malvivido con la desgracia de no saber, o no poder, retener en sus filas a formidables futbolistas. Alan Mullery, Rodney Marsh, Bobby Robson, Allan Clarke, Ray Houghton y Paul Parker, entre otros, vistieron de blanco antes de forjar sus exitosas carreras. Por contra, leyendas como Booby Moore o George Best defendieron sus colores cuando ya se encontraban en decadencia.

Así, no resulta descabellado afirmar que el Fulham vive el mejor momento de su extensa historia. El curso pasado rentabilizó al máximo sus 39 goles para terminar séptimo y, en la presente campaña, instalado plácidamente en la mitad de la tabla, anhela la gloria, con nada que perder, en los trofeos eliminatorios. En la FA Cup (una única final, perdida en 1975, asoma en su currículum), se cruza en la ronda de cuartos con los paisanos del Tottenham. En Europa, el premio es de los gordos, uno de los grandes del continente, el Juventus, que deberá andar con ojo con la solidez defensiva de los de Hodson (con el portero Schwarzer de fiable escolta), el trabajo incansable de los Murphy, Etuhu, Davies y compañía, y la conexión atacante de los rejuvenecidos Damien Duff y Bobby Zamora.

Dijo Hodson anoche que no descarta que el día que deje de entrenar elija el partido de Donetsk como el mejor de su carrera. Seguro que la afición del Fulham, la que cantaba en diciembre feliz, con 3-0 en el marcador, “We want four” frente al Manchester United, espera que la mejor esté por llegar, y sea en el monumental estadio olímpico de Turín. Sea lo que fuere, ya saben, todo empezó con un penalti que falló Murphy ante el abismo…

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