Ladies and gentlemen, please welcome… Samuel Etoo
En fútbol, hay sorteos que, una vez visto el resultado, parecen cualquier cosa menos un sorteo. Es como si el azar en ellos no interviniera, sino una mano maquiavélica que buscara el mayor morbo posible. Algo así debieron de pensar los aficionados milanistas al ver cómo la bolita rojinegra se emparejaba con la blanca, trayendo de vuelta a su tan amado Kaká a su estadio, pero esta vez vestido de novia ajena – es decir, de blanco, y del brazo de otro-. Algo así pensamos muchos cuando el otro equipo de Milán se emparejó, además en el primer enfrentamiento, con el Barcelona. Como si no se tratara de equipos en liza, sino de un duelo personal, dos nombres emergieron sobre todos los demás: Ibrahimovic y, fundamentalmente, Samuel Eto´o.
La historia de Etoo en el Barcelona ha sido compleja. De héroe ajeno –cuando jugaba para el Mallorca y goleaba al Real Madrid-, a héroe propio; de héroe propio a renegado de la causa –con aquel partido del que supuestamente se borró-; de renegado a héroe renacido; de héroe renacido a extraditado –causa, esto último, de un cierto feeling-. Difícilmente un jugador puede haber asumido tantos roles distintos y tan contrapuestos, de ida y vuelta además, en un mismo equipo. Para que esto suceda se tienen que juntar el hambre con las ganas de comer: el entorno del Barcelona, tan complicado, con la no menos compleja personalidad del camerunés.
La prensa culé debe de estar hoy atemorizada. Como en una operación de limpieza de consciencias blaugranas, el lema de este verano ha sido “no lo duden, Ibrahimovic es mejor que Etoo”. Y, sin embargo, hay un cierto ambiente de duda. Se realiza un ejercicio colectivo de autoconvencimiento, pero, en el fondo, se sospecha si la injusticia con la que en tantas ocasiones la grada de Barcelona ha tratado a Etoo, no se volverá hoy en contra de los blaugranas.
Yo soy uno de los que estos días habitan llenos de dudas. Conozco poco al sueco y mucho al camerunés, y quizá por eso, por un mayor conocimiento, se me hace difícil concebir que el espigado y hábil delantero de Malmoe tenga más y mejores argumentos con el balón que el bravo punta de Douala. Ojalá Guardiola me dé una segunda lección –confieso que no confiaba demasiado en sus posibilidades a principio de la pasada campaña, y me demostró lo enormemente equivocado que estaba, tri-equivocado, se podría decir- y pronto se despejen las dudas a este respecto.
Ojalá. Pero, por ahora, dudo. Y aun cuando un equipo como éste Barcelona no depende en absoluto de un solo jugador, tengo cierto temor a que esta noche el bueno de Etoo la va a armar a base de coraje y goles. No las tengo todas conmigo, tengo que confesarlo.
Si es así, espero en Etoo un gesto reconciliador. No creo que toda esta película, montada por cierta prensa, que parece un culebrón –lleno de envidias inconfesables, odios ocultos, pasiones desatadas- sea cierta. Si marca el camerunés, espero un momento contenido, cierta mirada retadora al banco visitante, pero poco más: una mera reivindicación de sí mismo, sí, pero sólo con el balón.
Lo de lo que no me cabe duda es de cómo la grada interista jaleará al camerunés, intentando avivar sus ansias de reivindicarse. Este jugador necesita de eso: de un contexto tensado al máximo, en el que él es el centro indiscutible, para dar lo mejor de sí. Y eso me atemoriza: el león tiene hambre (y dientes).
En fin… si el speaker del Giuseppe Meazza tuviera que introducir el partido con una sola frase, no me cabe la menor duda de que ésta sería: “Ladies and gentlemen, please welcome… Samuel Etoo”.