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La vuelta de Onésimo

onesimo En medio de la polvareda por la despedida de Mendilibar, ha pasado casi desapercibida la personalidad del sustituto del entrenador vasco. Quizá para las nuevas generaciones el nombre de Onésimo Sánchez no signifique nada, o tal vez sólo se asocie a un entrenador de carrera meritoria pero aún corta en Segunda B, pero lo cierto es que el pucelano fue, durante muchos años, uno de los clásicos de la Liga, y seguramente uno de los mejores dribladores puros que jamás haya dado el fútbol español.

Onésimo empezó su carrera en los juveniles del Valladolid, y pronto su fútbol eléctrico y diferente lo llevó al primer equipo de la capital castellana. Una gran actuación contra el Barça llevó a Cruyff a fijarse en él y a llevarse a Cataluña al joven extremo; antes, un año en el mítico Cádiz del milagro anual, y una sociedad con Mágico González para el recuerdo, dos diablos dentro y fuera del campo. En esa época comenzó a forjarse una fama de juerguista y amante de la noche que le persiguió durante toda su carrera, aunque él siempre negase la mayor parte de las historias que circulaban sobre él.

En el Barcelona Onésimo ganó visibilidad mediática, aunque probablemente la estancia en el club azulgrana frenó su prometedora carrera. Algunas actuaciones memorables aisladas como una gran media hora ante el Anderlecht no le sirvieron para ganarse la titularidad, y al final de temporada volvió a su ciudad natal. Tres años y diez mil regates después llegó una oferta del Rayo, impulsada sobre todo por Camacho, gran admirador del pequeño futbolista. Y aunque el de Cieza no llegó a entrenarlo, se recuerda el trienio de Onésimo en el Rayo como el mejor momento de su carrera: en ese viejo Vallecas, de dimensiones minúsculas, el Chincheta controlaba cada hoyo, cada brizna de hierba –muchas veces escasas- y cada pulgada de las cercanías del área, y en aquella buena época fue el ídolo al sudeste de Madrid; su gran momento llegó con un gol que significó la salvación de su equipo –a pase de Calderón, otro jugador por redescubrir- en lo que probablemente marcó el cenit de su carrera.

La decadencia del futbolista llegó a partir de su fichaje por el Sevilla en el verano del 96. Frecuentemente pasado de peso y cada vez más falto de la chispa que le hacía tan diferente, pasó discretamente sus últimos años como jugador hasta retirarse en el Palencia. Sin embargo, hubo una época en que fue de esa estirpe elegida que en un minuto podía doblar el valor de una entrada. Por eso, y porque vuelve de nuevo al gran escaparate, le deseamos mucha suerte en su nuevo periplo en Primera.

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