La tiranía del nuevo ManU
El pasado domingo, el Manchester United se alzó con su tercer título de la temporada, tras la Community Shield y la Copa Intercontinental. Es sabido que la Carling Cup es considerada en Inglaterra una ‘competición menor’, con mucho menor arraigo entre los clubes que la valorada FA Cup, pero el caso es que el título ya luce en las vitrinas mancunianas.
El asunto no es la conquista del título, meritoria y celebrada como lo que más, sino la manera de hacerlo. El 0-0 al final del partido contra el Tottenham resume a la perfección lo que es el actual United. Más allá de la destacada actuación de Ben Foster (tercer portero de la plantilla), especialmente en la tanda de penalties, las sensaciones que transmite el equipo dirigido por Sir Alex Ferguson son bien distintas a las ofrecidas en campañas anteriores.
Mi compañero Ramón Flores lo comentaba hace algunos días: el juego ‘italianizado’ del United espanta aficionados a cada partido. Del torrente ofensivo espectacular y desatado de la pasada campaña, al juego funcionarial de la actual. El 1-0 es el resultado más repetido en la temporada. Tres puntos, y expediente cerrado. De ese modo, despacha encuentros como quien pone sellos en una oficina de la administración. Fantasía cero. Es la invisible frontera entre el fútbol-juego y el fútbol-trabajo.
Poco o nada ha cambiado la plantilla de los red devils con respecto a la de años anteriores como para explicar semejante cambio en el patrón de juego. Quizá, eso sí, haya pesado en exceso el éxito logrado el pasado mes de mayo, cuando los de Old Trafford se alzaron con el título de campeones de Europa en Moscú, al que llegaron por la vía más conservadora que, hasta aquel momento, se le recordaba al técnico escocés (cinco goles a favor y tres en contra en siete partidos, incluida la final, dieron el título al United). El bagaje obtenido con tan pobre juego exhibido fue de tal magnitud que quizá el conservadurismo arraigara con insalvable fuerza en el bueno de Fergie.
Lo que sí es innegable es que ver jugar al United ya no entusiasma al espectador neutral. Ahora espanta, como si se estuviera presenciando un Catania-Siena. Con el potencial ofensivo a disposición de Ferguson (Cristiano Ronaldo, Berbatov, Rooney, Giggs, Tévez, Anderson, Nani, …) es casi un pecado despachar partidos y finales por la vía en la que empieza a acostumbrar el United.
Puede que haya quien vea este ‘ataque’ como una rabieta ante la insultante superioridad del ManU en las islas (sólo el Chelsea parece poder aguantarle el ritmo, por el momento). Quedaría más satisfecho si el lector sacara una lectura positiva de todo esto y se mostrara más exigente ante un equipo que puede permitirse ganar y divertir al mismo tiempo.
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