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La segunda juventud del Titi

benjamin-zarandonaLa noche de Halloween. Estoy seguro de que si a cualquier aficionado español, mayor de quince años, se le pregunta por Benjamín Zarandona, el primer recuerdo que le vendría a la mente, la primera referencia que le saldría sobre el centrocampista ecuatoguineano, sería la famosa ‘aventura’ vivida aquella recordada noche del jueves 1 de noviembre del año 2001, en cuyo relato, las palabras ‘mujeres’ y ‘borrachos’ aparecían frecuentemente, aderezadas incluso con la expresión ’saltar por la ventana’. La que debió de liar Don Manuel la noche de autos…

Aquel episodio, que supuso el principio de la cuesta abajo para el bueno del Titi, marcó de manera indeleble la carrera futbolística de quien había llegado a ser una de las mayores promesas de nuestro fútbol. Su irrupción entre los grandes, con la camiseta del Real Valladolid en la temporada 1994/95 y de la mano de Vicente Cantatore, pronto lo catapultó al reconocimiento. Tenía sólo 19 años. En aquel Valladolid, en el que contribuyó a firmar una de las mejores temporadas de la historia del club blanquivioleta terminando en séptima posición en y jugando la Copa de la UEFA, permaneció durante tres temporadas más.

Deseado por buena parte de los clubes de la zona media de la Liga, Benjamín recaló finalmente en el Real Betis. Era la temporada 1997/98. Su papel como futbolista del plantel bético enseguida comenzó a perder protagonismo. Sus devaneos nocturnos y un estado de forma cada vez menos apto para el fútbol de primer nivel, unido a las continuas lesiones que le aquejaron en sus útlimos años como verdiblanco, llevaron al internacional ecuatoguineano al más absoluto ostracismo dentro del club heliopolitano. El propio Benjamín reconoce que fue de la mano de Juande Ramos y de Víctor Fernández cuando vivió sus mejores momentos como futbolista.

El siguiente paso en la carrera del Titi le llevó hasta Cádiz. Aún con contrato en vigor con el Real Betis, la temporada 2005/06 vistió la camiseta amarilla en segunda división. Pero de nuevo las cosas se complicaron. Una lesión que terminó complicándose más de lo inicialmente previsto, dejó a Benjamín más tiempo del deseado en el dique seco, quedando su participación como jugador cadista en una experiencia para el olvido.

De vuelta a Heliópolis, y aún renqueante de su lesión, Benjamín se quedó sin ficha durante la temporada 2006/07. Fue la preparación para la salida después de nueve años dentro de la disciplina bética. La temporada siguiente el Xerez Deportivo le ofreció la oportunidad de volver a ser futbolista y de olvidar todos los males pasados… pero tampoco encontró en Chapín, donde ni siquiera permaneció una campaña completa, la redención.

Sin equipo, y con más cuerpo y mente de ex futbolista que de futbolista profesional en activo, Benjamín vio de cerca la retirada. Pero aún era joven (30 años), el cuerpo aún le pedía guerra, le seguía pidiendo fútbol. Tras más de un año inactivo, la pasada temporada se acercó una tarde a Palencia, a escasos 40 kilómetros de su residencia en Valladolid. Quería probar con el CF Palencia. Quería demostrarse a sí mismo que aún podía ser útil para el fútbol. Estuvo dos meses a las órdenes de Pepe Calvo, entrenador del equipo palentino, esperando su oportunidad y tratando de convencer al cuerpo técnico y a la directiva morada de que aún le quedaba fútbol en sus botas. Y la oportunidad llegó.

El pasado mes de octubre de 2008, Benjamín estampó su firma en el contrato que le vinculaba con el CF Palencia, por entonces aún en Tercera división. Era su oportunidad de volver a sentirse futbolista. Pese a que le costó entrar en el ritmo de competición y prácticamente no fue titular en toda la temporada, el ya veterano centrocampista se ganó la confianza del club de La Balastera y, con ella, la renovación para esta temporada, la de la vuelta del conjunto palentino a Segunda B.

Y por fin, este año, a sus 33 accidentadas primaveras, el Titi ha vuelto a ser feliz sobre un terreno de juego. Ha dejado de ser, al menos para la afición palentina, ‘el de la fiesta de Halloween‘. Asentado como media punta en el equipo morado, la calidad del centrocampista vallisoletano se impone por fuerza en una categoría como la Segunda B. E incluso ha vuelto a marcar (hace dos semanas, ante el Sestao). Ha vuelto a ser Benjamín, el Titi, un futbolista de lujo y una persona feliz.

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