La Real Sociedad cumple cien años
Arconada, Kortabarria, Celayeta, Górriz, Murillo, Diego, Periko Alonso, Zamora, Uralde, Satrústegui y López Ufarte. A muchos de nuestros lectores (principalmente, a aquellos nacidos en la década de los 90), seguramente no les suene de nada esta alineación. Otros quizá puedan entresacar recuerdos del mítico Luis Miguel Arconada, o incluso de Jesús Mari Zamora o Roberto López Ufarte. Algunos, los más avezados, habrán rememorado inmediatamente, con la sola lectura de la alineación inicial, el último título liguero conseguido por la Real Sociedad de Fútbol, allá por el mes de abril de 1982, suponiendo su segundo título consecutivo.
Hoy la Real, y ya desde hace algún tiempo, anhela otras metas. Estancado en la Segunda División desde hace un par de temporadas, el club donostiarra celebró el pasado lunes día 7 de septiembre su centenario. Cien años de historia desigual, cien años en los que se han vivido episodios memorables como las dos Ligas o el título de Copa del 87, pero también situaciones dramáticas, como el oscuro período de posguerra, el bache a mediados de la década de los 60 o, sin ir más lejos, el triste deambular actual por la categoría de plata.
La mayoría de los buenos recuerdos de los aficionados realistas perviven aún empapados del barro del viejo Atotxa. Al abrigo del incomparable calor humano que despedía el graderío, de inconfundible sabor británico, del anhelado estadio sobre el que hoy se ubican viviendas de protección oficial, la Real batalló buena parte de sus gestas, habiendo sido uno de los clubes que peor digirió el traslado de estadio, excepción hecha de la brillante temporada del subcampeonato con Raynald Denouiex en el banquillo, y Kovacevic, Nihat, De Pedro o Xabi Alonso sobre el césped.
En los últimos tiempos, a la Real se le achacó una pérdida de identidad en su plantilla. La llegada masiva de extranjeros de escaso nivel dejó a los txuri-urdin en una compleja situación económica, que se vio agravada por los pésimos resultados deportivos cosechados. Todo ello desembocó en un penoso descenso a Segunda División, que varios proyectos infructuosos después, aún sigue lastrando al equipo guipuzcoano, a la espera siempre de poder iniciar el asalto a Primera división, el lugar que, por historia y tradición, le pertenece.
Zorionak Erreala!