La Real quema otro cartucho
Es posible que no sea el último cartucho para lograr el ascenso, pero el empate de la Real Sociedad a domicilio en el derbi contra el Eibar (1-1) deja malheridos a los blanquiazules. Sólo las tablas del Zaragoza y la derrota abultada del Hércules en su visita a Chapín dulcifican la jornada. La irregularidad de los chicos de Juanma Lillo es la peor noticia para una entidad que aspira siempre a estar entre los mejores.
El clásico guipuzcoano se presentó cómodo de inicio, cuando Mikel Aranburu remató un balón cedido por Sebastián Abreu. Con el control del mediocampo y la ventaja en el marcador, la Real dispuso de algunas oportunidades para acabar por derribar al Eibar, pero su falta de ambición la ha definido durante toda la campaña. No es un equipo honesto ni entregado, especula con los tiempos y los esfuerzos, se confía cuando el viento sopla a favor y es cómodo a la hora de apuntillar al ‘toro’.
El segundo tiempo en Ipurua prueba el análisis. Si en la primera parte la Real Sociedad no disponía del control del balón, pero sí del mediocampo y minimizaba con éxito las acometidas locales, en el reinicio la historia cambió. Los blanquiazules perdieron la brújula y el Eibar empató en el 83′ de penalti. Tras la igualada, la Real se desperezó y tuvo tres ocasiones para ganar. Esperó el empate para crecerse y pelear, un síntoma de equipo rácano. El resumen perfecto de otro año en Segunda.
Con casi toda seguridad, la visita del Tenerife del juego combinativo y rápido será la última bala de esta Real. Necesita los tres puntos en casa para seguir respirando o mirar hacia abajo definitivamente. El encuentro es complicado, pero en caso de victoria puede suponer una pastilla de optimismo para el vestuario guipuzcoano. Una derrota confirmaría un año más en la categoría de plata y la necesidad de un cambio en el banquillo.
Y es a la caseta donde todas la miradas apuntan. Si una plantilla demuestra sobre el césped que tiene mimbres suficientes para controlar los partidos y hacer daño arriba, es necesario que la filosofía respalde un juego comprometido con esos valores. Lillo siempre se ha caracterizado por su apuesta por el fútbol de toque, de control del juego mediante el dominio de la pelota, la entrada por bandas… pero esta Real está vacía de esos conceptos.
Independientemente de eso, la entidad lleva varios años bajo una mala gestión, que le ha llevado a una crisis económica inmensa. A esa situación contribuyó con intensidad José Luis Astiazarán, actual presidente de la Liga de Fútbol Profesional. Antes del desastre, la Real era una entidad con un nivel deportivo elevado: en 1987 ganó la Copa de Rey en una final ante el Atlético de Madrid y en la temporada 2002-03 perdió la Liga ante el Real Madrid en la penúltima jornada. Los Xabi Alonso, Valery Karpin, Darko Kovacevic, Javier De Pedro o Nihat muestran el camino del éxito.
El mayor problema de continuar en Segunda es la importancia de los ingresos. Si la Real no asciende, corre el peligro de que alguno de sus futbolistas más valorados vuele a otras plazas, fundamentalmente de Primera División. Allí los ingresos por televisión y taquilla permiten fichas más generosas. Además, la Real Sociedad se acogió el pasado verano a la Ley Concursal, que deja poco margen de maniobra en ese aspecto.