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La envidiada Eslovaquia

SLOVAKIA SOCCER WORLD CUP 2010 QUALIFICATION

Cuando el 1 de enero de 1993 la República Checa y la República Eslovaca decidieron tomar caminos paralelos, tras la caída del comunismo con la Revolución de Terciopelo, una pequeña lágrima de nostalgia recorrió las mejillas de más de un futbolero mitómano. El fin de Checoslovaquia, tal y como habíamos conocido al país centroeuropeo durante la práctica totalidad del siglo XX, suponía asimismo el fin de una selección histórica en el orden futbolístico mundial. Subcampeona del mundo en el 34 (en la Italia musssoliniana y ante la anfitriona) y en el 62 (ante el Brasil de Pelé) y campeona de Europa, Panenka mediante, en el 76, la selección checoslovaca será siempre recordada con idéntica nostalgia con la que se rememora a la de las extintas URSS o Yugoslavia.

Desde su pacífica disolución de Chequia, Eslovaquia sólo había podido mirar con envidia, sana envidia, a su vecino del noroeste. La selección checa consiguió, en relativamente poco tiempo, agrupar una extraordinaria generación de futbolistas que le auparon hasta el subcampeonato europeo en el 96, torneo en el que también alcanzarían las semifinales en el año 2000. Los Karel Poborsky, Pavel Nedved o Tomas Skuhravy convirtieron a la joven selección checa en un rival potente, con un juego romántico apoyado en las bandas y una concepción del fútbol radicalmente opuesta al de potencias europeas dominantes, como Alemania o Italia. Y mientras los checos disfrutaban de Eurocopas e incluso del Mundial de 2006, Eslovaquia, con sus poco más de cinco millones de habitantes, soñaba con poder emular los éxitos de sus ex compatriotas, mientras se entretenían con el hockey hielo, deporte nacional, y lloraba la pérdida de uno de los mejores futbolistas de su corta historia, Peter Dubovsky.

Tampoco a nivel de clubes el fútbol eslovaco conseguía salir del anonimato. Sólo la breve irrupción del Artmedia Bratislava (actual Artmedia Pretzalka) en la Liga de Campeones 2005/06, en la que consiguió ganar en el Dragao al Oporto y empatar los dos partidos ante el Rangers, quedando tercero de su grupo, dirigió las miras de los aficionados europeos hacia el pequeño país centroeuropeo. Y todo de la mano de Vladimir Weiss, actual seleccionador eslovaco. Mientras tanto, Sparta de Praga y Slavia de Praga eran asiduos, año sí y año también, en las liguillas de la máxima competición europea de clubes.

Pero los años de espera, envidia y padecimientos para los aficionados eslovacos, podrían tener cercano su final. La selección eslovaca lidera su grupo de clasificación para el Mundial de Sudáfrica del año próximo, a dos puntos de distancia de su perseguidor y principal amenaza, Eslovenia, quien ya participara en el Mundial de Corea y Japón de 2002, y a cuatro, lo que les coloca como ya inalcanzables, de sus vecinos de la República Checa, la envidiada envidiosa.

El pasado sábado, en el duelo clave, Eslovaquia cedió sorprendentemente en su casa (0-2) ante su rival directo, Eslovenia. Lo que pudo ser la clasificación directa de los de Weiss quedó en un sueño inconcluso, que podría acabar convertido en amarga pesadilla si las cosas se tuercen en la visita que rendirán mañana, en Chorzow, a una Polonia ya desahuciada.

Comandada por el joven centrocampista del Napoli Marek Hamsik (una de las perlas que se cultivan con paciencia en el calcio) y el mediapunta del Lille Róbert Vittek, en la selección eslovaca comienza a despuntar la clase del imberbe Vladimir Weiss hijo, centrocampista ofensivo de gran proyección que lucha por hacerse un hueco en el Manchester City y sobre el que Àxel Torres ya nos puso en la pista en la entrevista que nos concedió el mes pasado.

La esperanza de jugar un Mundial no se ha desvanecido aún. Pese al palo del pasado fin de semana, el partido ante Polonia (en el que sólo vale la victoria, dado que Eslovenia se mide a la débil San Marino) se ve desde Eslovaquia como la oportunidad definitiva, la gran ocasión para presentarse en una fase final de un Campeonato del Mundo y dejar de mirar a los vecinos checos como el pariente pobre que envidia al primo rico.

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