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Kallon ficha por el Kallon

mohamed-kallonEn el (sano) ejercicio de crítica del presente se tiende a caer en la trampa de idealizar el pasado. También sucede esto en el fútbol actual cuando, por ejemplo, se censura el excesivo sentido de la profesionalidad de algunos futbolistas: esos que a cada gol piden una revisión de contrato, esos cuyo amor es solo a un color, el verde, pero no el del césped, sino el de los billetes. Cuando nos encontramos con uno de los abundantes casos de esto, lamentamos que el hoy no es como el “ayer”, el “aquel entonces” en el que los futbolistas vivían y morían por el club que los acogía, cuyo nombre llevaban grabado a fuego cerca del corazón.

Aún cuando este escenario nunca existió –no es más que la idealización del aficionado de un pasado narrado a imagen y semejanza de sus anhelos-, el futbolista también tiende a hacerlo suyo. Así, mientras viaja en el avión que le traslada de la ciudad de su ex equipo a la ciudad del club que a partir de ahora defenderá, teme que sus nuevos hinchas le reciban como a un extraño, que su imagen sea la de un invasor que sustituye a alguien querido y no la de alguien que llega para ganarse el pan –razón última del trabajo de todos los humanos- y, de paso, engrandecer la historia y el presente de su nuevo equipo. Estos temores llevan al jugador a realizar una huida hacia delante, y, al salir de la terminal, ante cientos de hinchas y micrófonos ansiosos de declaraciones, mentir finalmente al afirmar que él es de ese su nuevo equipo desde pequeño, que siempre soñó bajo un colchón que llevaba su escudo bordado, que fichando por este club ha cumplido la meta por la que Dios le trajo al mundo.

Si todo va bien, la mentira devendrá verdad consensuada: corrió, marco goles y lloró de alegría y de tristeza con su nuevo escudo, al que besó cada vez que el balón llegó a la red. Nadie discutirá aquella frase dicha para salir del paso. Si todo va mal, sin embargo, ¡ay!, entonces la mentira regresará a quién la nombró convertida en terrible afrenta: ¿Cómo puede decir que quiere marcharse a otro equipo? ¿Cómo osa besar el escudo de otro club que no sea el nuestro? ¿Cómo puede reír y abrazarse con los que ayer eran rivales irreconciliables?

Muchos dicen que esto “antes” no pasaba. Y sin embargo, hoy y sólo hoy encontramos un caso absolutamente irrefutable, el de un jugador al que nadie puede discutir que tras años de profesional ha fichado por “su” equipo. Se trata de Mohamed Kallon, delantero internacional con Sierra Leona que en su momento militó en las filas del Inter de Milán o el Mónaco, entre otros equipos. Kallon, tras varios años errando de un club a otro y tras rescindir su contrato con el Al-Sha`ab de Emiratos Árabes debido a una grave lesión, ha firmado recientemente por un equipo de su país llamado FC Kallon, precisamente en su honor y del que, no es de extrañar, es dueño.

El pase a su propio equipo (que adquirió hace años) responde a dos razones: recuperar la forma física para buscar de nuevo equipo en Europa en el mercado invernal y apoyar con su presencia la liga local de su país natal. No es secundario este segundo motivo. Mohamed Kallon siempre ha estado profundamente implicado con el desarrollo de su país, de tan triste historia reciente.

Pero aunque el caso es curioso, Mohamed Kallon no es el primer jugador de la historia que juega en un equipo con su mismo nombre. Que nosotros sepamos, al menos hay uno anterior a él, aunque para encontrarlo no tenga que ir demasiado lejos. De hecho, compartirá vestuario con él, pues se trata de un hermano mayor suyo, Kemokai, capitán del actual plantel. Para rizar el rizo, hace varias temporadas el FC Kallon era dirigido por el mayor de los tres hermanos: Musa.

Se trata, en definitiva, de una historia curiosa nacida del ánimo de un jugador por promocionar el fútbol en su país de origen. Una historia que hace que uno esboce una sonrisa, pensando en una grada que para corear a su equipo, presidente y jugador estrella solo necesita pronunciar un nombre.

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