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Hijos de la Madre Rusia

cskaDesde siempre he sentido una extraña fascinación por los equipos de Europa del Este, especialmente los procedentes de la antigua Unión Soviética. Ejercen sobre mí una poderosa atracción, fruto probablemente del desconocimiento generalizado de las entidades, de su funcionamiento y de su historia. Algo misterioso encierran. Tantos años de cerrazón al mundo occidental, escondidos bajo el pesado cortinón del telón de acero, han conseguido crear un inusual misticismo a su alrededor.

Da la sensación de que todos esos equipos de Rusia, Ucrania, Bielorrusia… esconden mucho más de lo enseñan. Como si tuvieran una especie de arma secreta, infalible e inesperada, que sólo exhiben cuando su rival se confía y menos se lo espera. Imagino que hay muchos factores, no estrictamente futbolísticos, que influyen en toda esa imagen que sobre ellos tengo.

Desde su curioso e ininteligible alfabeto cirílico, hasta sus rasgos físicos, tan marcados y diferentes, pasando por la imagen de rigidez y disciplina que siempre ha transmitido el régimen comunista. Sólo Dios sabe que sofisticados y eficaces sistemas de entrenamiento específico manejan los Slutski de turno. Uno, a veces, en el paroxismo de esos sentimientos de lejanía, se imagina a los hermanos Berezutskiy sometidos a un férreo entrenamiento hipertecnológico, como aquel que hacía de Ivan Drago un roca indestructible en Rocky IV. Son cosas con las que el resto de equipos no cuentan.

CSKA, Spartak, Lokomotiv, Dinamo… juegan con la leyenda a su favor. Miradas gélidas desde el banquillo, escasa pasión en sus celebraciones (localizada, muchas veces, en esos elementos exóticos que los petrodólares han tenido a bien encastrar en los equipos rusos, los Mark González o Keisuke Honda de turno), rigor y eficacia sobre el césped.

Algo está cambiando en el fútbol de la extinta URSS. Tres de los cuatro últimos campeones de la Copa de la UEFA (Shakhtar, Zenit y el propio CSKA) proceden de aquellas latitudes, pese al lastre que siempre supone jugar con un calendario atravesado con respecto al resto del continente. La Premier rusa tiene cada vez más adeptos y cuenta con mejores futbolistas, y anoche, en una Sevilla que ardía de pasión futbolera, un equipo moscovita, con un 80% de futbolistas semidesconocidos, apeó de la Liga de Campeones al Sevilla FC. Pura eficacia, no penséis en otra cosa.

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