«
»


Higuaín, el delantero destemplado

Fallan los delanteros en el Real Madrid. Pellegrini juega con un único jugador arriba como referencia escoltado por cinco centrocampistas escalonados, con más o menos obligaciones defensivas y ciertas libertades para ocupar los espacios a los costados. Con este sistema, inalterable de momento, la importancia del delantero es mayúscula y está meridianamente claro que la punta del ataque titubea en estos primeros meses de la temporada. El que venía para ser indiscutible, Benzema, apenas está jugando últimamente, ansiedad y problemas de adaptación al grupo, a la competición, al sistema de juego… Van Nistelrooy no cuenta, tuvo minutos tras su larga lesión pero volvió a recaer y es más que probable que abandone el club en diciembre en busca de minutos para llegar a su último Mundial. Raúl nunca ha sido un delantero centro puro, juega mejor en la segunda línea, buscando más el balón desde atrás, dejarlo de único delantero centro es condenar al equipo a la fricción y no a la punzada. Con Negredo vendido al Sevilla en verano y la mayor rentabilidad de Cristiano en la banda, sólo nos queda un nombre que encabece las acciones ofensivas del club blanco: Higuaín, pero ¿es el argentino un delantero centro válido para este sistema?

Higuaín tiene la confianza de Pellegrini. Ha ganado a fuerza de entrenamientos y goles importantes un puesto en el once dorado del técnico chileno. Sin embargo en los últimos partidos se ha ido diluyendo. Ha dado un paso atrás en los registros goleadores, se ha destemplado y su pésimo partido de ayer frente al Marsella me ha hecho recordar también aquel turbio encuentro contra el Barcelona, en el que apareció desnortado e impotente en buena parte del juego. Desde luego Higuaín no llegó al Madrid como delantero centro puro, más bien era un segundo punta o mediapunta, que destacaba más como asistente que como goleador en River.

Con Schuster jugó mucho en banda precisamente por su calidad en los centros, en la creación en la zona de vanguardia. Salvo excepciones no ocupó el vértice del triangulo en ningún momento, se dejaba llevar por la basculación del juego, aparecía de la nada, chutaba y marcaba; pero no era un pivote para los de atrás, ni una torre para los laterales que colgaban balones en el área, ni un prodigio de regate o pegada. Ese pundonor tan argentino, en contraste con su carácter tímido fuera del campo, le han hecho protagonista de varios momentos importantes del madridismo. Goles postreros, salvadores, con más fe que lógica, con ese estilo rabioso que tanto gusta al aficionado del Bernabéu. Pero la fuente de las sorpresas parece haberse secado. Ayer pareció un jugador gris, transparente para los compañeros, autista en el vértice del área, como un espectador más ante la exhibición de Cristiano Ronaldo. Sin esa motivación que lo convierten en un látigo en los últimos metros, en un atacante imprevisible.

Tal vez no está cómodo arriba, sujeto a la figura del portero contrario, entre los centrales del equipo contrario, a la espera de un buen balón. Tal vez tieneganas de fabricar jugadas y no de esperar ese balón mágico –uno, dos por partido- que te deja en una situación franca, en esos medios goles que Ronaldo, Kaká, Guti y hasta Van der Vaart son capaces de fabricar. Mi compañero Ramón

Leave a Reply

Comment