Granero vuelve a casa
Esteban Granero (Madrid, 2-07-1987), infatigable, está más cerca de llegar a la meta, competir en Primera con el club de su vida, en la carrera que inició cuando aterrizó en el Real Madrid tras despuntar en la Copa Danone (rival eterno del Torneo de la Galleta). A los ocho años vistió de blanco y desarrolló una trayectoria estelar en la cantera madridista, desde el primer día. Ochenta y tantos goles a los varios palmos de altura, en benjamines, anticiparon la valía del todavía imberbe talento, que vivió una Navidad dulcísima en 1999, cuando era infantil y participó en el Torneo Internacional de Fútbol 7, en el Palau Sant Jordi.
Aquel Real era el de Granero, capitán y punto de inicio de cada ofensiva en el centro del campo, y Lora, un menudo e intuitivo delantero. En la final esperaba el Barça de Cesc Fábregas y Gerard Piqué, que cometió la falta decisiva sobre Granero, que la lanzó potente a media altura, gol tras golpear en la madera. Ante 12.000 personas, un niño de 12 años asumió todas las responsabilidades imaginables, en ataque y en defensa, para birlar la gloria al rival en su territorio. Fue elegido mejor jugador del torneo y una virtud destacó entre las demás, la personalidad. El carácter.
El mismo carácter que afloró en la final de Copa Valencia-Getafe, cuando fue el único azulón que rindió a su verdadero nivel. Antes de que el travesaño evitara que volcase el partido con un latigazo desde la frontal, Granero marcó de penalti, porque si no le temblaron las piernas a los 12 años cómo iban a hacerlo a los 20. Y marcó con un guiño nostálgico de la pelota, que topó con el poste, como en el Sant Jordi, antes de encontrar la red.
Y el mismo carácter por el que, suponemos, eligió Psicología al pisar la Universidad. Para saber manejarlo. Granero fue expulsado a los tres minutos, la tarde de su debut en Primera división, pero pronto su fútbol mascado y elegante, y también rabioso y orgulloso, tuvo más oportunidades de expresarse.
Con 17 años era tan bueno que era el capitán del Real Madrid C y, aún más relevante, era tan bueno que portaba el brazalete con barba y patillas, con lo que ello significa en la Casa Blanca. Granero era el líder de aquel segundo filial, de la misma manera que lo había sido toda su vida, por inercia. Con 18 debutó en el B, internacional subtodo, campeón de Europa sub19, es de los que juegan mejor a medida que más importantes se sienten, mejor si el equipo se construye a su alrededor que si se limita al complemento. Por eso, se siente más seguro viendo el fútbol de frente, y no de espaldas, y por dentro, y no por fuera. A mayor responsabilidad, mayor rendimiento.
Es incógnita el espacio que le tiene reservado Pellegrini, si la banda, si se cubre las espaldas por si no llega otro organizador (Xabi Alonso), si el relleno. Se conoce, eso sí, que al madrileño la alternativa ni le sorprenderá en un renuncio ni en un tembleque de miedo escénico. Ya saben, si no le temblaron las piernas a los doce años…