Espíritus apelados en causas imposibles
Año 29 a.C. El Imperio romano asesta los últimos y definitivos golpes a la península Ibérica previos a la instauración de la Pax Romana. Es el norte de la península, el último bastión en resistir el implacable avance romano. Las actuales Cantabria, Asturias, mas el norte de las provincias de León y Palencia, plantaron cara al invasor con más corazón que medios. En este escenario, con las tribus cántabras resistiendo y prolongando su agonía a base de oportunos aguijonazos en forma de emboscadas y pequeñas guerrillas, surge la figura de Corocotta.
Quien para unos fue un valoroso caudillo que lideró al pueblo cántabro frente a la más poderosa maquinaria bélica de la historia de la Antigüedad, para otros no fue más que un simple bandido con suerte y agallas. Cuenta la historia, siempre según la versión del historiador alemán Adolf Schulten, que tras comprobar que el emperador Augusto había puesto precio a su cabeza, el propio Corocotta se personó en el acuartelamiento de la Legio IV Macedonica, presentándose ante el Emperador pidiendo la recompensa por su propia cabeza, gesto que sorprendió de tal manera a Augusto que le dejó marchar por la valentía demostrada.
Probablemente, la historia tenga mucho más de leyenda que de realidad. Ni siquiera está firmemente probado que el tal Corocotta existiera, ni que fuera un personaje ligado a las Guerras Cántabras. Pero resulta un emblema ideal para blandir en momentos complicados. Encarna valores con los que cualquiera estaría encantado de ser representado. Una simbología idónea: el débil contra el poderoso, el pueblo contra el imperio. Perfecto para una causa imposible y perdida de antemano.
Quizá por eso la prensa se ha encargado de recuperar la leyenda del bandido Corocotta en estos días previos al partido de vuelta de la semifinal copera. Ese 4-0 del Vicente Calderón dejó bastante claro que el Racing de Santander estaba fuera de la Final, que se quedaba a un pasito por segunda vez en tres años.
Porque, que nadie se lleve a engaño, la empresa se antoja imposible (por mucho que sea el ciclotímico Atleti el equipo que está enfrente). Remontar un 4-0 exigiría muchísimo más que encomendarse al espíritu de un personaje a medio camino entre lo real y lo mitológico. Mucho tendrán que poner de su parte los Canales, Tchité, Colsa o Lacen si quieren que el pulso de los millares de aficionados atléticos de toda España se ponga a repicar a eso de las once y media de la noche.