El profesor al que no todos quieren
Tras cinco jornadas de Liga disputadas, el RCD Mallorca se ha encaramado a lo alto de la clasificación, gracias los diez puntos conseguidos en este arranque liguero. Lo que a priori podría achacarse a un calendario con un arranque benévolo (Xerez, Tenerife y Valladolid, tres víctimas ideales, han visitado la isla), tiene un trasfondo más profundo.
Gregorio Manzano, el profesor, vive su cuarta temporada consecutiva, quinta en total, en el club isleño. Cuatro campañas, obviando la exitosa 2002/03 con el título de campeón de Copa incluido, en las que ha conseguido no sólo mantener al equipo en Primera División, principal objetivo de la entidad, sino colocar a los suyos en posiciones de privilegio, casi siempre cercanas a la lucha por entrar en Europa. Verano tras verano, el técnico jiennense ha tenido que enfrentarse al endémico problema de desmantelamiento de plantilla que azota al club balear al finalizar cada campaña. Cada año las perspectivas de inicio son peores, pero cada año Manzano reinventa una nueva plantilla repleta de competitividad, muchas veces a coste prácticamente cero.
Pero lo que a muchos desde fuera les podría parecer una gestión ejemplar desde el banquillo, a muchos socios y aficionados del Mallorca no les despierta tanto alborozo. No son todo luces de colores en la gestión de Goyo Manzano. En numerosas ocasiones se le ha achacado no saber gestionar los recursos de su plantilla y optar por las peores opciones disponibles para cubrir un determinado puesto (especialmente preocupante para los baleares ha sido el caso del lateral, prácticamente huérfano desde la salida de Javier Olaizola y Miquel Soler, con excepciones puntuales como Fernando Navarro). Es una simple diferencia de criterios, pero los resultados obtenidos por Manzano, a pesar de (o ‘gracias a’) sus ‘erróneas’ decisiones, ahí quedan. Cuesta creer que su trabajo pueda ser discutido.
A Manzano le han ido desprendiendo, en estas cuatro últimas temporadas, de futbolistas como Juan Arango, Ariel Ibagaza, Cristiano Doni, Dani Güiza, Miguel Ángel Moyà, Fernando Navarro o Jonás Gutiérrez. Cualquier equipo se habría resentido de gravedad con semejantes pérdidas en su plantel. Pero en las manos del técnico bermellón, las piezas van rotando sin apenas notarse el vacío dejado por los que se fueron. En manos del jiennense, Borja Valero puede recuperar para el mallorquinismo la mejor versión del ‘Caño’ Ibagaza, un casi repudiado como Tuni, reconducir su carrera en la isla hasta convertirse, gracias a su polivalencia, en un imprescindible en el once, o un antaño discutidísimo Iván Ramis, asentarse como central hasta hacerse indispensable. Como recuperador de jugadores perdidos, el psicólogo Manzano no tiene precio.
Quizá sólo sea una racha pasajera, pero el arranque de este nuevo Mallorca, pese a lo convulso del pasado verano, tiene una pinta estupenda.
Tiempo de descuento| El mérito irreconocido de Manzano