El órdago de Quique
Cuando un entrenador irrumpe con unas declaraciones como las que realizó Quique Sánchez Flores tras el descalabro en el Nuevo Colombino, lo hace porque espera que con ellas ocurra algo excepcional. Y esa reacción inducida puede volverse en su contra, y explotar en sus manos agravando los problemas, o puede, como ha ocurrido en el vestuario del Atlético de Madrid, punzar el orgullo del conjunto de futbolistas, con acierto. En una situación límite, Quique lanzó un órdago a su plantilla, y ésta ha respondido con coraje. En dos partidos, nueve goles a favor, sólo uno en contra, dos goleadas victoriosas y una remontada copera con sabor a velada grande.
A veces asoman gestos que son señales. Tras el golazo de libre directo de Simao, el Atlético utilizó su último cambio del encuentro. Se marchó el Kun Agüero, héroe maltrecho, dos goles y ramalazos de su mejor versión, y en su camino hacia el banquillo fue espoleando a todo compañero que encontró a su paso. Al poco, tras el pitido final, fue Quique Sánchez Flores quien alzó los brazos, tenso, señalando a la grada del Calderón, en muestra de agradecimiento y de complicidad. El equipo necesita, entre otros remiendos, al mejor Agüero posible, tan protagonista como él quiera, en un curso en el que no termina de arrancar, y Quique sabe que necesita tener de cara a una afición volcánica como pocas.
Anoche venció el Atleti a un dignísimo Recreativo de Huelva abocando la batalla hacia lo exagerado. En el duelo a garrotazos, De Gea fue un gigante en una área, y la pegada talentosa se impuso en la otra. Le sigue faltando cuajo a un Atlético de Madrid en el que Domínguez reclama un hueco, silencioso, en el eje de la zaga, donde Perea continúa con bajón eterno. En el medio, entre un Jurado que sigue sin definirse, y la torpeza de Assunçao ayer, Raúl García debe dar un paso al frente, por fin definitivo, en la escolta del nuevo fichaje rojiblanco: Tiago.
Si el mediocentro portugués olvida su frustrante paso por Italia, y vuelve a ser lo que un día apuntó ser, un centrocampista con ritmo, ancho y profundo, con buena técnica, podría convertirse en la pieza que tanto implora el Atlético, desde hace años. El hombre que una las dos inercias, que compacte a un equipo con una suicida tendencia a partirse por la mitad. Siempre en el alambre, Tiago llega para ser la red de protección de un frente de ataque que, si arranca, es de los mejores de Europa. Ayer, al brillo de Agüero se unieron los síntomas verdes de un solidario Forlán, el vuelo más imponente en mucho tiempo de Simao, y un Reyes recuperado por Quique de la prejubilación, contra pronóstico.
Tal y como se encuentra en la Liga, en el limbo, el Atlético debería apostar por los torneos eliminatorios. En una Copa sin los capataces de la Liga bipolar, el modesto y sorprendente Celta de Vigo es el penúltimo escollo hacia una final que ya se convierte en uno de los objetivos innegociables de la temporada.
El resto de cruces de Copa queda así: por un lado del cuadro; el vencedor del Deportivo-Sevilla se enfrentará al ganador del Mallorca-Getafe; por el otro, Atlético o Celta se medirá al triunfador de la eliminatoria que empareja a Osasuna y Racing de Santander.