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El Madrid rescinde el contrato de Míchel Salgado

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Llevaba varias temporadas ya aferrado a su puesto en la plantilla, apoyado en el coraje y el tesón de un jabalí herido de muerte. Porque a Míchel Salgado, al que en su día la entusiasta prensa italiana bautizara generosamente como ‘Il Due‘ tras una auténtica exhibición ante la azzurra en tierras italianas allá por el 98, hace tiempo que el cuerpo no le responde al nivel mínimo exigible para lo que de él se pretende en un club como el Madrid. Tras un final de temporada pasada repleto de rumores acerca de su incierto futuro, ayer Miguel Pardeza desvelaba por fin la solución al enigma: el lateral gallego queda desvinculado del Real Madrid, previa indemnización de tres millones de euros, con libertad para fichar por cualquier club.

Dudo mucho que haya un sólo madridista que tenga algo que reprochar a Salgado. Su entrega encomiable a lo largo de las diez campañas que ha permanecido en la disciplina blanca es digna de todo elogio. Ni un reproche a sus numerosos entrenadores, siempre comprometido con la causa y dispuesto para cualquier acto de servicio. Un futbolista ‘de club’, que se suele decir.

Pero la irrefrenable cuesta abajo marcha atrás de su carrera colocó al bravo defensor de As Neves en una situación comprometida. El fútbol suele ser cruel con aquellos que hace tiempo que dejaron escapar la cresta de la ola. Especialmente con aquellos a los que fue el físico, y no la técnica, el que les aupó al primer nivel. Y a Míchel hace ya algunas temporadas que le abandonó el soberbio tono físico de sus mejores años.

Sin apenas aportar nada al equipo en las dos últimas campañas, el lateral merengue se ha visto obligado a abandonar el club, su club, ante la imposibilidad de sentirse útil dentro del nuevo y revolucionario proyecto blanco. Sentirse inútil e inaprovechable después de haber sido referencia en su puesto con una hoja de servicios intachable debe ser complicado de digerir. El querer y no poder. El hambre de un juvenil y el cuerpo de un aficionado entrado en años.

A Míchel Salgado le ha bastado con su carácter y su entrega para prolongar su estancia en la plantilla madridista. Ese carácter ganador, esa entrega encomiable y sus ganas de seguir ganando, las mismas que el día de su debut en Primera con la camiseta celtiña, podrían procurarle un último contrato, una última oportunidad de recordar al mundo que, tiempo atrás, llegó a ser uno de los mejores laterales de España y del mundo. Real Zaragoza o la liga qatarí podrían ser la última estación de su carrera.

El Mundo| Diez años de ‘Il due’

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