El delantero menos galáctico de la galaxia
Parece que fue ayer cuando Rutgerus Joannes Martinus van Nistelrooij apareció por la sala de prensa del Santiago Bernabéu para oficializar ante los medios su compromiso contractual con el Real Madrid. Aquel semblante sereno, maduro, con esos rasgos como extraídos de un retrato de Vermeer, su sonrisa franca y, sobre todo, los años dejados atrás vistiendo el número ‘10′ del Manchester United, hacían prever a los aficionados que aquel futbolista iba a terminar dejando su particular huella en la liga española. Lejanos resonaban ya los ecos de su gravísima lesión de rodilla en el año 2000, aquella que a punto estuvo de frustrar su salida del PSV Eindhoven con rumbo a Old Trafford.
Lejanos, pero aún presentes. Quizá la única sombra que se cernía sobre el fichaje de uno de los tres mejores delanteros del mundo durante la primera década del siglo XXI eran las posibles secuelas, en el fin de su carrera, de aquella triple rotura de ligamentos, amén de su edad. A sus 30 años, el Madrid fichaba a un delantero contrastado, a un seguro de gol, con la preocupación siempre presente de quien tiene que procurar los mejores cuidados y atenciones a esa infalible Telefunken de fabricación alemana que, un buen día y después de 30 años con la familia, dejará de reflejar imágenes en su pantalla.
Sin necesidad de ese ‘período de adaptación’ que suele servir de moratoria para multitud de futbolistas mediocres, van Nistelrooy comenzó pronto a demostrar que el club blanco no se había equivocado al abonar 15 millones de euros al United por él. Para la memoria del aficionado quedarán siempre aquel hat-trick al Levante (su primer gol como madridista, recibiendo de espaldas en la frontal, revolviéndo su 1′89 con la ligereza de un 1′65, y disparando ajustadísimo al palo contrario, es la definición perfecta de un goleador con la mente en la portería contraria), o los cuatro goles que endosó a Osasuna en una plaza tan arisca para el madridismo como el Reyno de Navarra, en una actuación personal soberbia.
Su arranque como madridista fue espectacular. Firmó 25 goles, máximo goleador del campeonato, y estableció un nuevo récord en nuestra Liga: siete jornadas consecutivas marcando. Sus goles fueron decisivos para la conquista del título liguero. Pese a lo que muchos vaticinaban atendiendo a lo que dictaba su documento de identidad, la actuación del holandés en su primer año en España hizo olvidar todos los prejuicios sobre su edad y los hipotéticos motivos por los que el perro viejo de Sir Alex Ferguson le había permitido salir de Manchester.
Su magnífica primera temporada sirvió para que el club ampliara su confianza en él, ampliando su contrato hasta el final de la presente campaña. Pero no todo fueron luces en aquella 2007/08. Ruud atravesó su primera lesión seria con la camiseta blanca, cuando tuvo que ser intervenido en su tobillo derecho por culpa de la lesión crónica que arrastraba en dicha articulación. Pese a que los peores augurios hacían presagiar que el delantero holandés se perdería toda la temporada y que, incluso, no podría representar a Holanda en la Eurocopa de Austria y Suiza, Ruud se recuperó a tiempo de participar en el 4-0 del Real Madrid al FC Barcelona y anotar el cuarto gol de los suyos. Obviamente, con sus 20 dianas en 32 partidos ligueros, Holanda no quiso dejarle fuera de la Euro 2008.
El mes de noviembre de 2008 marcó un antes y un después en la carrera de van Nistelrooy como madridista. Lo que en un principio se presentó como una lesión de menor gravedad, acabó degenerando en el prematuro adiós a la temporada y, a la postre, a su carrera como futbolistas del Real Madrid. No en vano, Ruud sólo pudo participar 44 minutos como jugador madridista tras superar su gravísima lesión.
De físico delicado pero profesional como muy pocos, Ruud van Nistelrooy deja buen poso en el Santiago Bernabeu y en la Liga española. Deja regusto de futbolista de verdad, alejado de maneras extravagantes y de salidas de tono, pero tremendamente serio, competitivo y eficaz en lo suyo: el gol. Habiéndose pasado el último año y medio como madridista prácticamente inédito, la sensación de orfandad en la delantera blanca no ha podido ser revocada ni por Raúl, ni por Gonzalo Higuaín ni por Karim Benzema, supuesto sustituto del holandés. Pasará tiempo hasta que podamos disfrutar de un cazagoles como él.
Dicen los que le conocen, que a van Nistelrooy siempre le había apetecido la posibilidad de probarse en la Bundesliga alemana. Quizá, tras haber conseguido ser máximo goleador en Holanda, Inglaterra y España, ahora quiera exigirse a sí mismo encabezar la tabla de goleadores en Alemania. O tal vez, a sus casi 34 años, sólo quiera poder disfrutar el ambiente de los estadios teutones, a la vez que mantiene su nivel de forma para poder llegar a la cita de Sudáfrica 2010. Sea cual sea el caso y sea cual sea su nivel de autoexigencia, da pena ver marchar a un futbolista así. Ojalá en Hamburgo puedan seguir disfrutando de su franqueza, de su profesionalidad, de su amplia sonrisa vermeeriana y, sobre todo, de sus goles. Veel geluk, Ruud!