El Bayern se pone serio

Empezó mal el equipo de Van Gaal. No es que el Bayern haya destacado alguna vez por su juego fluido o sus balones al pie, pero los jugadores no tenían mordiente, ni sangre y todo parecía tener un final negro. Ni los nuevos fichajes se afianzaban ni el entrenador era capaz de hacer que la máquina bávara metiera algo de miedo a los rivales. En la Bundesliga pronto se descolgó de la cabeza -demasiados empates ante los humildes- y en la Liga de Campeones atravesó serios apuros en los primeros duelos, incluyendo la doble derrota contra un Girondins que les pasó por encima. Desde luego el entrenador holandés, que había llegado al banquillo del Allianz Arena como estrella tras una excelente temporada al frente del AZ holandés, sabe como sorprendernos y entre el 1-4 a la Juve en la última jornada de la liguilla de la Champions y el recién alcanzado liderato en la liga doméstica germana, ha vuelto a poner en el escaparate al histórico club muniqués. Esta noche, frente a la Fiorentina, podrán confirmar las buenas nuevas sensaciones transmitidas en los últimos meses.
El 2-1 de la ida es, como dice el tópico, un resultado engañoso. Ese postrero gol de Klose en situación ilegal que arrebataba a los pupilos de Prandelli un meritorio empate no puede asegurar un partido plácido en la capital toscana. Tampoco hay que sobrestimar al conjunto viola, a la deriva en el Calcio y que, pese a cuajar una buena primera fase de Champions, no está entonado últimamente. El Bayern ha recuperado la disciplina defensiva y ha encontrado en Badstuber a un sustituto de calidad del lesionado Demichelis. Pero, más allá de esa fortaleza en equilibrio entre defensa y mediocampo -rejuvenecido Van Bommel incluído-, Van Gaal ha tenido como aliados a los cuatro hombres más brillantes de su plantilla: Ribery, Robben, Müller y Gómez. Y, de entre todos ellos, fundamentalmente, el eléctrico extremo holandés que ha sabido echarse el equipo a sus espaldas y ha devenido en fundamental para la mejora del juego en esta fase de la temporada.
El míster de la Fiore avisa que su equipo jugará feo esta noche. La velocidad y combinación de los jugadores de arriba serán las armas para perforar la previsible fortificación italiana. Un pírrico 1-0 puede acabar con el trayecto alemán, así que marcar será imprescindible en el Artemio Franchi. De pasar, el equipo bávaro volverá a ser un rival a tener en cuenta tras un principio más que dubitativo. La mano de Van Gaal está, por fin, obrando el milagro que esperaban los aficionados de Munich para su equipo, demasiado alejado últimamente de la élite europea.