El Barça hipnotiza (1-4)
Una vez mi madre me llevó con mi hermana al circo y aquello apestaba a decadencia. Las palomitas estaban rancias, a los caballos se les marcaba el costillar y los payasos tenían corrido el maquillaje. Lo más impactante, pero, llegó con el número final. Yo nunca había visto un león en vivo, y lo cierto es que el domador se lo montó con ganas. El tío se lo creía. Primero salió solo el animal, y le tiraban trozos de comida, rugía o algo así, chocaba con los barrotes de la jaula y todas esas cosas. Daba miedo. Al rato, apareció el hombre disfrazado, muy ceremonioso con su látigo, y entró en el ruedo, miró a los ojitos de la bestia, que se calmó, y obedeció. Ahora sube aquí, ahora dame la patita. Aunque hoy sospeche que drogaron al pobre león, en su momento fue la experiencia más impactante de mi vida.
El Barcelona de Pep Guardiola domestica a cualquiera, convirtiéndole en una sombra de lo que realmente es. Ha ocurrido en El Sardinero tal y como lleva ocurriendo mucho tiempo, los azulgranas aturden e hipnotizan, primero, monopolizando la pelota, manejando la cadencia a su antojo y, cuando secuestra al rival, meciéndolo en sus brazos, susurrándole nanas al oído, cambia el ritmo para apuñalar y vencer, sin trampas y sin piedad.
Marcó cuatro goles, y pudieron ser cinco, o seis, o tres. El resultado es casi lo de menos. Tras el toque de atención recibido por su entrenador, el Barcelona controló la contienda de principio a fin, gobernándola inmisericorde, más fiel al libreto que nunca. Sacó de centro y la pelota le duró cerca de dos minutos; después, el Racing tardó catorce en pisar el área de Valdés, y lo hizo a través de una falta que le regaló el asistente a Arana. Precisamente, en un par de balones colgados del extremo racinguista, cogió aire el equipo local, aprovechando la ausencia de Piqué, herido en la cabeza.
Pero fue un espejismo, porque el Barcelona no perdió el hilo, y en cuanto pisó el acelerador, aturdido el contrario, no encontró oposición a su talento. Ibrahimovic coronó con la testa un pizarrazo de Guardiola, y perdonó el segundo de inmediato, chocando con la madera. No importó, al poco Messi concretó en gol una gloriosa jugada colectiva, exquisito Xavi en el timón y, antes de llegar a la media hora, Piqué definió con temple un lujo de Zlatan, que le habilitó de taco en el corazón del área.
Y ya no había partido que disputar, tan fácil, alcanzado el cero a tres. Sólo anécdotas que reseñar. El susto de Ibrahimovic, dolido fortuitamente en un tobillo; el primer tiro a puerta de los locales, uno de Arana en el minuto 55; el gol delicioso de Messi, otro más; y la réplica rabiosa de Óscar Serrano, única prueba de que el Racing no estaba muerto, sino drogado, y su corazón todavía latía.
Antes, en la sesión vespertina, el Sevilla confirmó su buen rumbo al vencer por dos a cero al Mallorca.