El “hasta luego” de Enric González
La frase, escueta, casi aséptica, ha sido un jarro de agua fría para cientos, miles, de futboleros. Más exactamente, lo ha sido para todos aquellos que aman ese lugar donde la palabra y el balón no se enfrentan, sino que caminan juntos, de la mano. La frase, formulada con la ironía, modestia y dominio de la palabra que caracterizan a su autor, anuncia una despedida –esperemos que tan solo momentánea- de ese imprescindible escritor de esa inimitable página que, lunes a lunes, tantos disfrutábamos con fruición. Para algunos, incluso, la frase anuncia un cambio de hábito: los lunes dejaremos de abrir El País por la página de la columna de Enric González:
Creo sinceramente que Enric González es uno de los mejores escritores de nuestro país. De lo que no me cabe ninguna duda es que, al menos (y no es poco), es el más brillante de cuantos han abordado la cuestión futbolística. Su particular estilo para con esto del balón parte de la base –que muchos discutirían- de que, desde el fútbol, se puede narrar el mundo. O dicho de otro modo: que desde el fútbol se puede ser, con toda la implicación de la palabra, un (buen) periodista. Cada uno de sus textos es una prueba de ello. Partiendo de la pelota, Enric aborda línea tras línea cuestiones que nos atañen a todos (amores, odios, venganzas, la suerte, el destino, la vida), pero, lo que es más importante, lo hace al mismo tiempo que descubre al lector una realidad concreta: la cultura (aquí incluimos el fútbol), historia y realidad del lugar del que escribe.
Esta tarea, además, la realiza Enric González con un brillante modo de escribir que hace que en cada uno de sus textos se muestre siempre mucho más de lo que se dice. Como un delantero de área chica, Enric es un mago de los espacios cortos capaz de hacer en un metro cuadrado (a penas media página, una columna) lo que otros son incapaces con todo el campo para ellos. Leyendo a Enric dan ganas de hacer dos cosas: leer mucho más (a él y a otros muchos) y viajar, viajar mucho y hacer tuya la rica complejidad de este mundo.
Algunos de quienes hoy intentamos escribir de fútbol, tenemos con Enric una enorme deuda. En mi caso, hace unos años, cuando aún habitaba en mí cierto prejuicio que me impedía congeniar con naturalidad mis dos grandes pasiones, el fútbol y la literatura, el descubrimiento en las páginas de Deportes de El País de Enric González fue una suerte de terapia. Leyéndole, conseguí salir del armario y no avergonzarme por afrontar del mismo modo un texto sobre Duchamp, Cioran o Maradona, porque con sus “Historias del Calcio” aprendí que es muy noble escribir de fútbol, siempre y cuando en esa tarea se respete al texto, al lector y a uno mismo. Aprendí también que si, además, eres capaz de verter en cada texto esa genialidad indescriptible que habita en la buena literatura, el buen el arte y el buen fútbol, entonces, en realidad da igual sobre qué versen tus palabras, pues, con ellas sublimarás aquello sobre lo que escribas. Porque, en el fondo, si hay algo que sus lectores hemos de agradecer a Enric González es que, en cada texto, hizo de esto del fútbol algo (más) grandioso.
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