Don dinero y la emergencia del fútbol del este
La victoria de ayer del Shakhtar Donetsk supone la coronación de un proyecto que lleva gestándose años. Desde que Rinat Akhmetov, el hombre más rico de Ucrania, se hiciera con el club stajanovista en 1996 y comenzara a firmar cheques y más cheques con el objetivo de formar un equipo campeón, el Shakhtar ha sufrido varios reveses en competiciones europeas (recordemos el gol de Palop hace cuatro temporadas) que sólo quedaron compensados definitivamente ayer.
Analizada más globalmente, sin embargo, la victoria de los ucranianos tiene un sesgo más importante. Recordemos que hasta que el CSKA de Moscú se hizo con la Copa de la UEFA en la temporada 2004/2005, ningún equipo ruso había vencido una gran competición europea. Durante la era soviética, solamente Dinamo de Kiev (74/75 y 85/86) y Dinamo Tbilisi (80/81) consiguieron un título europeo: la ya inexistente Recopa de Europa. Ahora, con la victoria del Shakhtar ya son tres los equipos rusos o ucranianos que han vencido la segunda de las competiciones europeas, en los últimos cinco años. Dos de ellos, los últimos, de manera consecutiva.
Este dato no es casual. En los últimos seis años, el Shakhtar ha desembolsado aproximadamente 136 millones de euros en jugadores, el Zenit de San Petersburgo, aproximadamente 100 y el CSKA de Moscú, 58 millones. Otros equipos, como el Dinamo de Kiev en Ucrania, o el Lokomotiv de Mosú, el FC Moscú, el Spartak, en Rusia no les van a la zaga. El dinero de los nuevos ricos surgidos tras la caída del muro de Berlín, lleva años llegando paulatinamente al fútbol.
Hace diez años era impensable que jugadores como Jadson, Luiz Adriano, Carvalho, Vagner Love, Danny, Odemwingie, Gökdeniz Karadeniz, Jan Koller, Ismael Bangoura, Gilherme, etcétera, recayeran en una liga como la rusa o la ucraniana. Hoy, sin embargo, los clubes del occidente europeo saben que a nivel económico tienen nuevos y duros rivales. El trasvase de talentos del fútbol brasileño, africano e incluso europeo al este de Europa es cada vez más habitual.
Y no hablamos sólo de Rusia o Ucrania. Que el Lokomotiv Astana kazajo cuente hoy en sus filas con jugadores como Yegor Titov, Baffour Gyan o el veteranísimo Andrey Tikhonov (en una liga en la que también juega Vladimir Beschastnykh); que Rivaldo esté enrolado en las filas de un equipo uzbeco; que los equipos de Azerbaiján consigan captar a jugadores como Demetradze o el portero internacional senegalés Kalidou Cissokho; que todo un porterazo como el gabonés Didier Ovono vista la camiseta del Dinamo Tbilisi y éste equipo pueda resistirse a venderlo; etcétera, son los primeros pasos para una globalización del fútbol que, de la mano de las divisas, comienza a llegar a los confines de la antigua Unión Soviética. Dentro de poco, no será tan extraño ver a un jugador español buscándose la vida en equipos de Bielorrusia, Georgia o Turkmenistán. No caminamos sino hacia ese horizonte.