Desquiciados malaguistas
Sí, de acuerdo, la realidad aprieta (aunque de momento no ahogue), y las sensaciones se multiplican por diez semana tras semanas. Cada partido es una batalla, una lucha a vida o muerte por los puntos, y más si el rival en la contienda es un equipo que, previsiblemente, estará metido en la pelea por eludir el descenso a final de la temporada. Hasta ahí la batería de excusas, más o menos, aceptables, que puede esgrimir el plantel del Málaga CF.
La bochornosa imagen, no tanto en lo deportivo, pese al poco rentable empate a uno frente al Real Zaragoza, sino en orden a la lamentable actitud barriobajera y canallesca sobre el césped de ciertos integrantes de la plantilla malacitana, ha dejado al conjunto andaluz en el punto de mira de todos los aficionados tras la disputa de esta undécima jornada liguera.
El propio presidente boquerón, Fernando Sanz, manifestaba tras el partido de ayer estar abochornado por el triste espectáculo dejado por los suyos. Agresiones (en el caso del defensa brasileño Wellington con la agravante de reincidencia), escupitajos (un futbolista del nivel de Apoño no debería ensuciar su carrera con episodios como el de ayer con Ander Herrera) y un repaso profundo al muestrario de conductas y actitudes antideportivas para con los rivales jalonaron el triste espectáculo deportivo ofrecido por los de Muñiz.
Bien haría el técnico asturiano en reconducir el rumbo de su equipo. La situación es preocupante, las victorias no acaban de llegar y vivir en posiciones de descenso hace que se tensen los nervios. Pero la marrullería y el juego oscuro y antideportivo no benefician en absoluto a un equipo que tiene mucho más de lo que ha ofrecido hasta la fecha para salir del agujero.