Deportivo de La Coruña: objetivo, zona noble
Es el ejemplo de la reinvención y la capacidad de adaptación a un nuevo escenario. Si hace ocho años alguien le hubiera dicho a la afición del RC Deportivo de La Coruña que, en un par de temporadas, su equipo tendría problemas para confeccionar una plantilla seria y competitiva y que a duras penas conseguiría aspirar a algo más que la permanencia, probablemente hubiera jurado que le estaban gastando una broma. Haber ganado una Liga, haber sido un serio aspirante al eterno mandato dualista, haber sembrado el pánico en Europa y alcanzado unas semifinales de Liga de Campeones, deja unos estigmas difíciles de asimilar cuando no eres un grande ‘de cuna’.
Pero el Dépor, aquel Superdépor y después Eurodépor, consiguió, al abrigo del inagotable Lendoirismo, liberarse de todos sus estigmas y aprender a sobrellevar su nueva situación económica y deportiva con valentía y orgullo. A su público quizá le costó algo más asimilar el nuevo papel del equipo, pero poco a poco tomó consciencia de la situación real, y acabó aceptando con estoicismo el duro trance por el que el club se vería obligado a pasar.
La época de transición pasó primero por las manos de Joaquín Caparrós, con una apuesta joven y de futuro, pero el técnico utrerano dejó atrás Riazor sin dejar una buena sensación entre el graderío. Su puesto lo ocupó Miguel Ángel Lotina, un técnico en el que, sinceramente, pocos confiábamos, pero que ha demostrado en estas dos temporadas al frente de la nave coruñesa, que está perfectamente capacitado para devolver al club a la zona noble de una manera estable, y lo que es más importante, sin apenas echar mano a las maltrechas cajas de las oficinas de la Plaza de Pontevedra. Todo a base de cesiones, fichajes muy asequibles o con carta de libertad y futbolistas de cantera.
Este tercer año de Lotina en el banquillo de Riazor pasa por ser el año de la estabilidad deportiva definitiva. Si bien la pasada campaña no se logró (como sí se hizo en la 2007/08) clasificarse para competición europea, quizá el grupo comandado por el técnico de Meñaka puede verse beneficiado en su devenir liguero precisamente por esa circunstancia. Con una plantilla corta y tremendamente exigida, el esfuerzo continental podría pasar factura a los deportivistas, que deben ceñir su programa al objetivo de afianzarse en la zona noble de la tabla y terminar de conformar un bloque competitivo y estable.
El verano en la ciudad herculina estuvo protagonizado por dos nombres. Por un lado, el lateral zurdo brasileño Filipe Luis, quien tras varias semanas de flirteos descarados con el FC Barcelona, acabó perdiendo el tren azulgrana al no bajar Augusto César Lendoiro sus pretensiones económicas. Su rendimiento es indiscutible, pero queda por ver el trato que recibirá del público coruñés después de las accidentadas negociaciones y de alguna decisión de dudosa idoneidad tomada por el futbolista. Por otra parte, el ‘culebrón’ organizado alrededor de Ángel Lafita, quien a falta de la decisión final de la LFP, aún no sabemos si es futbolista del Deportivo o del Real Zaragoza. Sería una notable pérdida para la plantilla gallega, en lo que Lendoiro no ha dudado en calificar como ‘un nuevo Rivaldazo’.
No ha sido un verano de sonados refuerzos. El mediocentro brasileño Juca vino para sustituir a un De Guzmán con evidentes síntomas de haber agotado su ciclo en Coruña. También, y ante la posibilidad real de la marcha de Filipe Luis, el Dépor reforzó su lateral izquierdo con la incorporación del joven colombiano Brayan Angulo, fichado del Leixoes portugués.
En el capítulo de bajas, amén de la ya mencionada de Jonathan de Guzmán, el club ha conseguido deshacerse de varios futbolistas que apenas contaban para Lotina y que llevaban tiempo engrosando la plantilla con escasa productividad. Es el caso de Antonio Barragán, Cristian, Pablo Amo o Munúa. Quizá la baja más significativa, y la pieza que más pueda echar en falta el técnico, sea el mediapunta Joan Verdú, que recaló en el Espanyol tras completar su mejor campaña como deportivista.
La base del equipo parece sólida. Con Aranzubía en la puerta (todo un acierto tras los problemas surgidos con Aouate y Munúa), y el centro de la defensa confiado a Albert Lopo y Zé Castro, el talento aparece de la mano de Andrés Guardado. El habilidoso extremo mexicano debe comenzar a despuntar ya, y a hacerlo con cierta asiduidad, olvidando la irregularidad que ha caracterizado hasta la fecha su trayectoria en España.
El principal problema deportivista puede aparecer, una vez más, en la punta de ataque. Estancados desde hace varias temporadas en una especie de nirvana futbolístico, ni Riki ni Bodipo muestran síntomas de ir a mejorar lo exhibido hasta la fecha. Tampoco se espera gran cosa de Mista. Así las cosas, la fulgurante irrupción el pasado año del tunecino Lassad, de quien se esperan grandes cosas en Riazor, podría situarle ante una escena inmejorable para convertirse en el delantero referencia del Deportivo. Pero el punta de ascendencia francesa no es el único diamante surgido de la cantera blanquiazul. La pasada pretemporada asistimos al nacimiento como futbolista de primer nivel del fino interior zurdo compostelano Iván Pérez, al que es muy probable que Lotina regale una buena cantidad de minutos en la temporada recién arrancada.
La clave: Preocupa la falta de gol en la plantilla. Guardado debe explotar ya su calidad. Que se mantenga la estupenda sintonía entre Lotina y Lendoiro dará estabilidad al club.
El pronóstico de DDF: Debe aspirar a Europa. Los precedentes son buenos, y la plantilla apenas se ha debilitado, a la espera de lo que ocurra con Lafita. Estará entre los diez primeros.