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Dahleb: el primer ídolo del Parque de los Príncipes

Dahleb, ídolo del PSG, en la Portada de France FootballPuede sonar pueril pero mi simpatía por el muy refinado Paris Saint-Germain siempre se ha debido exclusivamente a su camiseta. En mi cerebro, orbitando sobre la elástica, puedo reproducir una galopada de Weah, un requiebro suave de David Ginola o un pase inteligente de Raí pero la azulona, roja y blanca siempre ocupa el centro de mi pensamiento cuando las tres letras, PSG, ponen a trabajar la maquinaria que tengo bajo el flequillo. Por lo demás, es decir salvo por el estupendo traje de faena, nunca había sentido especial predilección por el conjunto capitalino. Aun más, mis gustos en lo que a fútbol francés se refiere, San Chris Waddle mediante, siempre se han decantado por el Olympique de Marsella. A la sazón enemigo secular del PSG.  Sin embargo, mi reciente visita a la ciudad de la luz me ha metido en la mollera una razón de peso para admirarlos: la pierna izquierda de Mustapha Dahleb, el primer ídolo del Parque de los Príncipes.

Campeonato del Mundo de 1982. Campo de fútbol de El Molinón. A los Rummenigge, Stielike, Breitner y compañía no les quedaba otra que doblar su normalmente inquebrantable rodilla ante la talentosa Argelia de Madjer. En aquel sorprendente combinado africano, que más tarde sufriría uno de los mayores robos del fútbol moderno gracias al singular concepto de deportividad que manejaban austriacos y alemanes, militaba un veterano centrocampista de regate tan enroscado como los rizos que poblaban su cabeza. Mustapha Dahleb era, a sus 30 años, uno de los abuelos en una selección argelina en estado de gracia. Pero volvamos la vista atrás unos cuantos años.

La temporada 1973/74 se convierte en el escaparate perfecto para que un relampagueante extremo de apenas 20 años, que defiende los colores del Sedan, llame la atención de los clubes más avispados del continente. 17 goles partiendo desde la cal izquierda tienen la culpa de que a Mouss Dahleb comienzen a rifárselo los grandes.  Lo pretende el Ajax pero Dahleb, que nunca tuvo representante, decide firmar por el entonces pujante Paris Saint-Germain para jugar a las órdenes del mítico Just Fontaine. La cifra en la que se cierra el traspaso, 200 mil euros, le convierte en el futbolista más caro de la historia del campeonato y habla a las claras de su calidad. Los que le conocen no tienen dudas. “Dahleb era un jugador extraordinario, con un pie izquierdo fantástico. Un gran driblador, fortísimo en el uno contra uno”. Habla Humberto Coelho, compañero en el PSG de la época.

¿Animal de cal? ¿Regateador impenitente? Es cierto que Dahleb disfrutaba quebrando en el costado izquierdo pero lo increible de su legado es la cantidad de goles que firmó partiendo de la posición de centrocampista. 85 tantos en el campeonato francés, record del club, le situan a la altura de mitos de la entidad parisina como el recordado Dominique Rocheteau o el último ídolo: Pauleta. Gran parte de culpa en su reconversión la tuvo Velivor Vasovic, entrenador del argelino a partir del 76. El yugoslavo impone su emigración de la banda al centro y le otorga libertad plena de acción en el centro. La cosa, obviamente funciona y el resultado se resume a la perfección en una frase premonitoria del técnico balcánico: “Es el mejor jugador del club. Cuando actuaba en el lado izquierdo, estaba 20 minutos en acción. Ahora, en el centro va a estar 60″ . Vasovic lo clava y el argelino aun más. Anota 22 goles y se corona Rey de Francia.

Lo increible y simplemente por ello merece la pena recordar la historia del genio argelino, es que nunca obtuvo un gran reconocimiento internacional. Dahleb, aun respaldado por una legión de buenos futbolistas – Luis Fernández, el citado Rocheteau o el recordado Safet Susic- fichados expresamente para construir desde cero la historia de un equipo nacido en 1970, tan sólo pudo levantar dos Copas de Francia y el premio al mejor jugador de la liga en el 76 y el 77. En Europa fue la añorada Recopa la que pudo disfrutar de la elegancia del argelino pero los belgas del Watershei y la todopoderosa Juventus de los primeros ochenta, ya con Platini en sus filas, frustaron cualquier intento del aun bisoño equipo parisino.  Sin embargo, gracias al fútbol, lo que queda para los que respetan y aman este deporte, es la elegancia, los quiebros y la categoría. Y de esas cualidades Mustapha Dahleb tenía un saco lleno.

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