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Cuando cobrar es un problema

El viernes 13 de febrero era la fecha marcada en el calendario por el presidente del Valencia, Vicente Soriano, para que la plantilla de profesionales del club ché percibiera el sueldo que se le adeuda. La mala situación económica ahoga a la entidad y el máximo dirigente busca financiación que permita el pago. El objetivo es aliviar la carga en la que se ha convertido la elevada deuda del Valencia. Según varias informaciones, la cantidad que el club debe a los jugadores asciende a 15 millones de euros.

La semana pasada, Soriano pidió a los futbolistas una prórroga de siete días para acometer el pago, pero finalmente no ha cumplido con el plazo y los capitanes del vestuario, Carlos Marchena, Raúl Albiol y Vicente Rodríguez (David Villa tuvo que ausentarse por motivos personales), se han mostrado comprensivos con la situación. La plantilla ha dado su visto bueno a un nuevo retraso, tras la promesa del presidente de pagarles en breve. Pero… ¿tienen alguna alternativa los profesionales del Valencia?

Evidentemente, los jugadores de la entidad ché están en una situación incómoda, como la que viviría cualquier profesional en España si su empresa no le paga. Pero si la compañía es un club de fútbol, hay algunos elementos especiales que complican la ecuación. El primero de ellos son las altas nóminas de los jugadores. Para la afición y los medios no resultaría demasiado estético que unos empleados con tanta solvencia económica pudieran poner el grito en el cielo porque no cobran después de un plazo razonable. Y esto es un planteamiento, cuanto menos, dudoso.

Es cierto que casi la totalidad de los jugadores del Valencia no necesitan ese dinero para mantener el pago de la cuota hipotecaria, la letra del coche, las vacaciones de la familia, la educación de los niños… Pero esto no puede ser un argumento para justificar que unos profesionales tengan que estar de brazos cruzados mientras el capataz no les paga. Porque quien trabaja, cobra. Sin más. Además, el vestuario debe gestionar convenientemente la crisis, porque cualquier relajamiento deportivo puede ser interpretado maliciosamente desde la grada o la prensa.

El último fin de semana, los jugadores del Pegaso, que se encuentra en 3ª División, protestaron antes de su encuentro frente al Real Madrid C porque llevan tres meses sin cobrar. Los futbolistas se bajaron los pantalones y sacaron unas camisetas donde se podía leer “Nos han dejado con el culo al aire”. ¿No tienen los profesionales del Valencia el mismo derecho a cobrar que los futbolistas del Pegaso? La situación de éstos últimos puede provocar mayor implicación emocional, pero todos ellos tienen derecho a cobrar por trabajar. 

El otro elemento pernicioso es el poco margen de maniobra a la hora de forzar el pago. Posiblemente no llegue a ser  el caso del Valencia, pero cualquier denuncia por impago ante la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles) interpuesta por los jugadores provoca el descenso administrativo de categoría. Esta situación es extrema y ningún profesional, tampoco en tierras del Turia, desea que la entidad baje por no acometer el pago de las nóminas (en enero y junio).

Pese a este recurso, los jugadores de fútbol se encuentran en cierta situación de indefensión. Los clubes tienen la alternativa de acogerse a la Ley Concursal, cuyo objetivo principal es conseguir su viabilidad económica. El proceso, que debe ser incoado por un juez, tiene algunas concuencias importantes: 1) El Consejo de Administración pasa a ser controlado por tres administradores, que equilibran el balance contable de la entidad; 2) El 50% de la deuda se satisface a corto plazo (parte de ella en concepto de nóminas) y el resto se saldará posteriormente tras el acuerdo con los acreedores (en esta situación también están los futbolistas); y 3) Durante el proceso no pueden presentarse demandas por impago, con lo que los jugadores pierden su baza más importante para reclamar el pago (los clubes evitan así el descenso administrativo).

Sobre el papel, la ley es muy positiva porque garantiza que las entidades con problemas equilibren gastos e ingresos. Los profesionales ganan estabilidad si los clubes quedan saneados. Pero en muchas ocasiones, el plazo del cobro por parte de los acreedores se alarga en exceso y además depende del acuerdo, con lo que en ocasiones se autorizan actuaciones irresponsables. Los directivos prefieren la Ley Concursal y el ya veremos al descenso administrativo.

El debate no debería ser si unos profesionales deben o no exigir el pago de su nómina, que aunque elevada es merecida. Si trabajan, cobran. Tal vez sería más productivo pensar cómo instrumentalizar el control de los clubes y evitar excesos que terminan en situaciones penosas. Los intereses de la afición del Valencia no sólo son los intereses de su club, también los de su plantilla. Al fin y al cabo, son ellos los que saltan cada fin de semana al césped. El vestuario ché lo hace, hoy ante un peligroso Málaga.

DDF | Sobre la Ley Concursal y la huelga de jugadores, por Ramón Flores.
DDF | ‘Héroes’ impagados

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