Con Pochettino, la consigna es no perder

Tres partidos ligueros en su estreno como entrenador, y tres empates. La llegada de Mauricio Pochettino al banquillo del RCD Espanyol ha marcado al equipo con una impronta evidente: no perder. Tras la destitución de un José Manuel Esnal ‘Mané’ que se había mostrado incapaz de revertir la complicada trayectoria en la que se había visto envuelto el equipo perico bajo la batuta de ‘Tintín’ Márquez, el ex futbolista argentino, ahora metido a labores técnicas, tomó posesión del cargo debutando en el desigual duelo copero ante el FC Barcelona, con un trabajado, merecido e inesperado empate a cero.
Fue el preludio de lo que Mauricio buscaba en su equipo. Ahora, transcurrido un mes desde su llegada a Montjuïc, podemos afirmar que la consigna ha sido bien asimilada por sus pupilos. Los empates (curiosamente, todos ellos a un gol) ante Valladolid, Recreativo y Getafe, dejan claro que el que quiera ganar al Espanyol va a tener que sudar tinta.
Bien es cierto que ninguno de los tres rivales es de una gran enjundia, pero tampoco lo es menos el hecho de que la liga de los blanquiazules debe mirar ya más hacia la parte baja de la tabla que hacia la zona noble. Su liga ya no se juega en el Calderón, ni en el Pizjuán, ni en Mestalla. La liga perica, al igual que aquella del gol salvador de Coro, se juega en Zorrilla, en el Coliseum y, sobre todo, en Montjuïc.
Las evidentes pretensiones de Pochettino en sus primeras semanas en el club (incrementar la seguridad defensiva y acrecentar la presión al rival) suponen, amén de una apuesta por un estilo definido, lo cual siempre es algo positivo, un arma de doble filo.
Por un lado, cuesta saber si la seguridad defensiva es garantía de salvación. Pero por otro, resulta de perogrullo que la base de un equipo sólido comienza construyéndose por su defensa. Y de eso, Pochettino sabe un rato.
Al argentino le ha sido encomendada una tarea complicada, en la que tiene mucho que perder y muy poco que ganar. Si salva al equipo, nadie le recordará como ‘el salvador’, del mismo modo que ningún espanyolista recuerda a Miguel Ángel Lotina como el hombre de la salvación en 2006. Es lo que tiene luchar por objetivos ‘de perfil bajo’, que uno raras veces suele dejar poso indeleble en la memoria colectiva.