Chelsea-Everton, gran final
Ya tenemos final de la Copa inglesa. Tras la hermosa jornada del fin de semana –ya podrían aprender los rectores del fútbol patrio a salvaguardar su torneo del KO- serán los dos azules, Chelsea y Everton, los que se disputen en Wembley uno de los trofeos más prestigiosos del Planeta Fútbol. Un coliseo inglés en entredicho, por cierto, después de que los entrenadores perdedores cargasen contra el césped en el que se disputaron las semifinales: Wenger lo calificó de “broma”, mientras que Ferguson fue más lejos al añadir que no sacó a su mejor escuadra por miedo al efecto que el empedrado pudiera tener sobre sus futbolistas. Desde luego, si algo puede calificarse de broma es la alineación que sacó sir Alex, repleta de juveniles y no habituales, y aliviada de estrellas como Rooney, Cristiano, Berbatov o Evra. No extrañó pues el partido gris, el resultado sin goles y la resolución en los penaltis, primer castigo serio para un United que lleva dando tiempo la impresión de ir más sobrado de la cuenta, y anteponiendo, contra su idiosincrasia más clásica, el resultado al juego. Howard fue el héroe en la tanda, y Jagielka el protagonista, tanto por marcar el último lanzamiento –que celebró sin excesiva euforia- como por un posible penal a Welbeck en el tiempo reglamentario que pudo cambiar el rumbo del partido. Nos alegramos por Phil, en cualquier caso, que está cuajando una excelente temporada.
Respetaron más la competición los preparadores de la semifinal del sábado, que alinearon a sus mejores onces posibles en un gran duelo que no se resolvió hasta última hora. Comenzó adelantándose el Arsenal con un afortunado gol de Walcott tras buena jugada colectiva, pero pronto equilibró el Chelsea al culminar Malouda una jugada iniciada en estratosférico pase por Frank Lampard; algo ayudó Fabianski también, escaso de reflejos en el palo corto. Parece curioso, de todas formas que se haya ido Scolari, haya llegado Hiddink y de repente jugadores que parecían casi acabados se vuelvan a acercar a su estatus de estrella. Es el caso del mencionado Frankie, capital también en el segundo gol, y del hercúleo Drogba, que recogió otro pase teledirigido de su compañero para revolcar al joven guardameta gunner y marcar a puerta vacía. Así acabó el partido y prácticamente el año a nivel doméstico para el estético conjunto de Wenger, mientras que el Chelsea ya es máximo candidato a la Cup y vuelve a inspirar el respeto de antaño en Barcelona. De nuevo con su columna vertebral Terry-Essien-Lampard-Drogba a toda máquina, es un rival de cuidado para cualquiera.