(CAN 2010) Grupo A: Argelia
Que levante la mano quien no tenga simpatía por esta selección. ¡Cuánto la echábamos de menos en estos años que ha sufrido su particular crisis futbolística!
El nombre de Argelia proviene etimológicamente de la palabra árabe “Al-Yaza`ir”, que quiere decir “las islas”, en referencia a una serie de islotes que gobernaban la vista desde el mar de la capital argelina cuando se llegaba en barco. Sin embargo, para muchos de nosotros “Argelia” ha sido sinónimo de sufrimiento, dolor y, futbolísticamente, de injusticia nunca reparada.
Comenzando por lo primero, la historia reciente de Argelia ha estado determinada por la cruenta guerra que precedió a su independencia de Francia en 1962 y que duró ocho largos años, provocando decenas de miles de muertos y civiles torturados y quedando en el imaginario colectivo europeo –especialmente el francés, pero también el de todos aquellos que nos fascinamos con el existencialismo- como uno de los episodios más tristes y lamentables de nuestra historia común. Precisamente hoy, mientras escribo estas líneas, se cumplen cincuenta años de la muerte del único intelectual francés que supo mantener una postura libre y válida ante aquel cruento enfrentamiento entre la metrópoli y la colonia: Albert Camus, quien exigió la paz y el mutuo entendimiento, abogando al menos por la “tregua civil”, que no era otra cosa sino la petición del respeto para los inocentes civiles, tanto a un bando como al otro.
Tras la independencia, Argelia sufrió la inestabilidad habitual de las ex colonias europeas en África, sucediéndose diversas luchas internas tanto por el poder como por la manera en que éste había de ser utilizado en la conducción del país hacia uno u otro camino. El sendero elegido durante dieciséis largos años fue el socialista –con Ahmed Ben Bella a la cabeza y Houari Boumedienne posteriormente-, que hizo de Argelia uno de los modelos de la época para los países del llamado “tercer bloque” o “tercer mundo”, expresión que entonces tenía mucho de esperanza de futuro y nada de reflejo de una crítica realidad, como actualmente. Posteriormente, las reformas económicas liberalizadoras introducidas por Chadli Benjedid, la apertura a un sistema multipartidista y la reconciliación política con sus vecinos (Libia, Marruecos, etcétera) parecieron prologar una época dorada del país. Nada más lejos de la realidad, sin embargo. El panorama político de principios de los noventa se vio marcado por la represión de Benjedid contra los bereberes y sobre todo, por su error de cálculo con los islamistas, cuyo partido político (el FIS) legalizó e intentó apartar posteriormente del poder. Esto marcó el fin político de Benjedid y el estallido de una tensión política y social que pronto devino en una guerra civil que duraría once largos años y que sumió a Argelia en una época de larga oscuridad.
Probablemente exista relación entre la estabilidad de los años previos a la guerra civil y el advenimiento de los años dorados del fútbol argelino. El hecho, indudable, es que Argelia, exceptuando una testimonial participación en la CAN de 1968, se dio a conocer al mundo del fútbol en la década de los ochenta. Esta década de oro del fútbol Argelino comenzó con el subcampeonato de la CAN de 1980, en cuya final perdió ante la organizadora Nigeria. En aquel equipo, que se impuso en semifinales a Egipto, histórico rival, destacaba el medio Lakhdar Belloumi y dos delanteros, Salah Assad y un tal Rabah Madjer, que por entonces era un joven relevo para la delantera titular.
Estos hombres hicieron historia. Pero nadie podía esperar que dos años después lograrían que la mitad más uno de los habitantes de todo el mundo sintieran en su corazón a la selección argelina.
Ocurrió así: Argelia consiguió clasificarse para la Copa del Mundo que se disputó en España en 1982. Para ello, el camino recorrido fue largo y tuvo un final feliz: Argelia dejó en la última etapa fuera de combate a Nigeria, con lo que la revancha tras la anterior final estaba tomada. El papel destinado para los argelinos en España 82 era, a priori, el de meras comparsas. Sin embargo, en el primer partido del Grupo 2, Argelia venció en El Molinón por 2-1 a la República Federal de Alemania, que entre otros ilustres formó con nombres como Breitner, Schumacher, Littbarski, Rummenigge o Stielike. El mundo, ese día supo del poder de la voluntad. Sin embargo, no fue ese día cuando todos fuimos argelinos.
Tampoco fue con motivo del segundo partido de Argelia en aquel campeonato, en el que perdió por 2-0 ante Austria. Y tampoco en el tercero, en el que Argelia venció por 3-2 a Chile. Ocurrió con su participación ya tristemente sentenciada, aún cuando sobre el papel tenían posibilidades de clasificación. Fue al día siguiente de que Argelia venciera a los chilenos, Austria y Alemania disputaban el último partido del grupo. Entonces aún a nadie se le había ocurrido que los últimos partidos de grupo se disputaran simultáneamente para evitar tongos y así fue que se coló uno y bien grande. Resultó que algún germano cayó en la cuenta de que el 1-0 para Alemania en aquel partido clasificaba a ambas selecciones. Y ese fue, por obra y milagro, el resultado. Horst Hrubesch adelantó a los alemanes en el minuto diez y el resto del partido fue un ver pasar el tiempo, todos sonriendo y felices del espectáculo dado. Hasta tal punto aquello fue una vergüenza, que el público de El Molinón, al unísono entonó un hermoso canto: ¡Argelia, Argelia! Dicen algunos que aquel estribillo llegó lejos, a oídos que se encontraban a miles de kilómetros. Yo, que vivo en Bilbao, lo oí. Pero claro: tenía la tele puesta. Solo sé que desde entonces, mi pasión por la selección argelina es enorme.
Cuatro años después de la vergüenza, Argelia repitió en la cita Mundialista. El bloque fue prácticamente el mismo, con ilustres excepciones: no estaba ya, por ejemplo, el gran Mustapha Dahleb, pero sí estaba en su mejor momento de forma Madjer, que poco después alzaría la Copa de Europa con el Oporto. Sin embargo, el papel de Argelia en la calurosa cita mundialista fue meramente testimonial. Todo hay que decirlo: el grupo, con Brasil y España en el mismo, no era el más fácil del torneo. El verdadero problema de aquella cita para el público argelino no fue, sin embargo, la actuación de su selección –que tampoco podía considerarse un fracaso-, sino que el rival y vecino Marruecos consiguiera la clasificación para octavos de final, rompiendo una barrera histórica para el fútbol africano.
Hasta el presente 2010, nunca más volvería Argelia a aparecer por la fase final de un Mundial. Sin embargo, el mayor éxito de su historia tardaría sólo cuatro años en llegar. Fue en la CAN de 1990, en la que, además, hacían de organizadores. Todo salió a pedir de boca y Argelia, con el trío Madjer, Menad y Admani a la cabeza, arrasó desde el primer partido, en el que vapuleó a Nigeria por 5-1 hasta el último, en el que volvió a imponerse a las Águilas Verdes, esta ver por un gol a cero, con gol de Oudjani.
Toda Argelia lo celebró en las calles. Sin embargo, aquel fue el principio del fin. Después llegó la guerra civil y, con ella, una larga crisis futbolística en la que a pesar de la aparición puntual de grandes jugadores (como Moussa Saïb, por ejemplo), la selección acumuló un fracaso tras otro, encontrando el techo en los cuartos de final de la CAN y lo más bajo en las dos últimas ediciones -2006 y 2008- a cuyas fases finales ni siquiera llegó a clasificarse.
Por ello, la clasificación para el Mundial de este año, eliminando además a uno de los mejores equipos de África –y gran rival histórico-, como es Egipto, ha sido toda una sorpresa que ni los más optimistas esperaban.
Argelia comenzó el camino hacia Angola y Sudáfrica 2010 –ya avisamos que las clasificatorias para la CAN y el Mundial de este año eran las mismas- en un primer grupo preliminar a priori difícil, por cuanto se enfrentaba a otras tres selecciones que bien podrían complicarles las cosas: Liberia, Gambia y, sobre todo, Senegal. Pasó este primer grupo haciéndose fuerte en casa, donde ganó todos los partidos –por el contrario, como visitante no fue capaz de marcar ni un solo tanto. En la segunda ronda preliminar, sin embargo, se enfrentaría a cocos más duros: Egipto y Zambia –con el permiso de la débil Ruanda-.
Con ese grupo, pocos esperaban la clasificación para el Mundial: la CAN era el objetivo. Quizá por ello, por la falta de presión el milagro acontecido es aún más sorprendente. La de los partidos de desempate con Egipto es una historia enorme. En unos meses hablaremos de él, por ahora, afrontemos la CAN. Esta es la escuadra que ha logrado el milagro:
Del banco es dueño Rabah Saadane, quien ya fuera el entrenador de Argelia en el Mundial de 1986. Decimos dueño, porque esta es la quinta vez que el veterano mister argelino se hace con las riendas de la selección de su país. En esta última ocasión, Saadane tomó el cargo en uno de los peores momentos del fútbol argelino, sucediendo al francés Jean Michel Cavali, quien no fue capaz de clasificar a los “zorros del desierto”, como se conoce a este equipo, a la fase final de la CAN de 2008.
Para obrar el milagro, Saadane se ha hecho con un grupo de jugadores que en conjunto forman un bloque rudo, sin concesiones estéticas en su juego. El objetivo es ganar, y la vía para lograrlo es la concentración defensiva e intentar aprovechar alguna de las ocasiones que el devenir del juego pudiera presentar. En este sentido, el juego habitual de Argelia parece dar más garantías cuando su escuadra es la teóricamente más débil que cuando tiene que llevar el peso del partido. Así, aunque parezca contradictorio, Argelia tiene un equipo más diseñado para el Mundial, donde parte con el papel de débil, que para la CAN, donde tendrá que llevar el peso del partido en más de una ocasión.
Obviando la portería –donde estará el veterano Lounès Gaouaoui-, la línea defensiva de Argelia es probablemente una de las más solventes de las presentes en la CAN. El mérito de esto lo tiene la pareja de centrales formada por Madjid Bougherra (Rangers) –que no para de crecer como jugador- y Antar Yahia (Bochum), héroe nacional que pasará a la historia por marcar el gol que clasificó a su país para el Mundial, eliminando a Egipto.
Junto a estos, dos jugadores destacan en la parte defensiva del equipo, ambos del Portsmouth inglés: el lateral o interior zurdo Nadir Belhadj y el mediocentro Hassan Yebda. Tras a éstos, el veterano centrocampista Yazid Mansouri (Lorient) y la joven promesa Djamel Abdoun (Nantes), pivote, y el jugador del Estrasburgo Yacine Bezzaz –solvente mediocentro defensivo- completan la nómina de jugadores de corte defensivo de Argelia.
Para las tareas ofensivas, Argelia depende enormemente del que sin duda es su mejor jugador, el pequeño mediapunta Karim Ziani (Wolfsburgo), en cuyas botas se depositan las esperanzas goleadoras de los hombres de ataque. Éstos son el veterano Rafik Saïfi (Al Khor) –de cuyos goles ha dependido demasiado la selección- y el puntal del Siena italiano Abdelkader Ghezzal. Se quedan fuera sorprendentemente los delanteros Rafik Djebbour denostado por su club, el AEK de Atenas, para quienes no cuenta en absoluto, y el ex del Celta actualmente en el Hull City, Kamel Ghilas. En punta, finalmente, también hemos de destacar al zurdo Hameur Bouazza (Blackpool), que bien puede actuar como segundo punta o como extremo por cualquiera de ambas bandas.
Regresando al centro del campo, encontramos dos jugadores de corte creativo más que interesantes. El primero de ellos es el muy técnico mediapunta Mourad Meghni (Lazio), quien destacara en las selecciones inferiores francesas y que se ha incorporado a la selección recientemente, convirtiéndose en uno de los mejores valores de Argelia de cara a la presenta CAN y al próximo Mundial. El otro, muy conocido para los seguidores de la Bundesliga, es el ex del Friburgo y actualmente en el Borussia Mönchengladbach, Karim Matmour. Ambos se disputan un puesto en el centro del campo para acompañar a Ziani.
En cuanto a las posibilidades de Argelia para esta CAN, creemos que los norteafricanos tienen un equipo más que solvente para pasar al menos la primera ronda. Como le sucede a Malí, la presencia de Costa de Marfil y Ghana en el Grupo B presenta un cruce más que difícil para cuartos de final. Ahí creemos que está el techo de Argelia en esta CAN. Fundamentalmente, porque la mente de este equipo está varios meses más adelante y miles de kilómetros más abajo en el mapa. Concretamente, en Junio y en Sudáfrica
LA ESTRELLA… : Karim Ziani (27 años, Wolfsburgo): En sus clubes es habitual ver a Ziani pegado a la banda. En su selección, el papel que ha de cumplir es mucho más importante, en la medida en que por sus botas ha de pasar gran parte del juego ofensivo del conjunto. Ziani es de los pocos jugadores realmente “peloteros” de la ruda selección de Saadane.
ATENCIÓN A…: Madjid Bougherra (27 años, Rangers): Se trata de un más que solvente central de cuyo hacer depende en gran medida la solidez defensiva de Argelia. Quizá podríamos haber escogido a otro jugador más creativo para destacar –Matmour, Meghni…-, pero el papel de Bougherra es tan importante en este equipo que nos hemos decantado por él.
LA AUSENCIA… : Kamel Ghilas (25 años, Hull City): El ex del Celta, es junto a Djebbour, ambos delanteros centro, la gran ausencia de la lista de Saadane.
PRONÓSTICO… : Creemos que pasará hasta cuartos –hemos apostado porque Angola se la pega-, pero ahí estará su techo. Ghana o Costa de Marfil son rivales demasiado duros para los norteafricanos.