Campbell, Fabianski y retales de la batalla de Do Dragao
Pasado el cuarto de hora, con uno a cero en contra, Cesc Fábregas enroscó un córner desde la parte izquierda. Sol Campbell, en área pequeña, vio la prolongación de Bendter pasarle por encima, escapársele, como pensó que se le había marchado el fútbol de primer nivel, cuando acudió en verano a la llamada del Notts County, de cuarta división. Al girarse, en cambio, vio la pelota flotante, de vuelta, hacia su testa, un regalo de gol de Rosicky, inesperado como la ultimísima oportunidad que le otorgó Arsene Wenger, dándole ficha y espacio de nuevo en el lujo de la Champions League.
Así de metafórico fue el segundo gol de Campbell en la Liga de Campeones (el primero, en la final de París, no sirvió de mucho). El veterano central inglés fue, además, protagonista involuntario en la jugada que provocó el dos a uno definitivo, con la cesión a Fabianski y, aunque rígido de cintura en espacios abiertos, fue de lo más solvente del deslavazado Arsenal, que deberá remontar en el Emirates el triunfo por la mínima del Oporto.
Fabianski definió una de las limitaciones más evidentes del equipo londinense. Carece de un portero clase mundial, porque Almunia tampoco lo es. El arquero polaco regaló los dos tantos de un durísimo Oporto. En el primero, se tragó un centro mordido de Varela, que había limpiado a Clichy con facilidad. En el segundo, enguantó una cesión clamorosa de Campbell, soltó el balón ante la insistencia del árbitro, sin defensas que tapasen el saque, y fue batido sin piedad por Falcao.
De alguna manera, el Oporto fue más listo que el Arsenal. Con poco, ganó. Con la complicidad de Martin Hansson (el árbitro de la mano de Henry), ejecutó una precisa cacería a Cesc Fábregas, apercibido de sanción, al que consiguió anular entre líneas, desquiciándole a menudo con patadas a destiempo. El Arsenal, como su capitán, no anduvo cómodo en ningún momento, lastrado una vez más por la falta de un delantero amenazante en el área. Bentder tuvo un par de remates francos, pero no olió el gol. Rosicky fue el más profundo de sus centrocampistas, que se enredaron en precipitación e imprecisión, y el primero en ser sustituido.
La vuelta, con el Arsenal desatado, y el Oporto capeando con oficio, pura Copa de Europa, apetece verla desde ya.
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