Así fue la Liga: RCD Mallorca (9º)
Quisiera comenzar este repaso al Campeonato realizado por el RCD Mallorca ciñéndome estrictamente a lo deportivo, a lo sucedido sobre el césped. Pero se me antoja imposible. La temporada del conjunto balear se ha jugado en un 70% en los despachos (y, en cierta medida, en el Juzgado de lo Mercantil número 1 de Palma).
Todo empezó como acabó el año pasado, pero con una desbandada generalizada que, promovida en buena medida por los problemas económicos del anterior presidente, Vicente Grande, llevó fuera de la isla a futbolistas clave en la buena campaña 2007/08, como Dani Güiza, Ariel Ibagaza, Jonás Gutiérrez, Angelos Basinas o Fernando Navarro. Volver a empezar, como la oscarizada película de Garci, pensaban muchos aficionados. No era la primera vez que el club, tradicionalmente vendedor, se encontraba en la complicada tesitura de afrontar una nueva temporada con el equipo totalmente desmembrado.
Gregorio Manzano, al frente de su enésimo proyecto al frente del Mallorca, recogió el guante y aceptó de buen grado, consciente de las posibilidades de su nueva plantilla, el reto de mantener al equipo, una temporada más, entre los grandes.
Llegaron refuerzos. Algunos sonados, como el de Aritz Aduriz, por el que se abonaron 6 millones de euros al Athletic Club, y otros más modestos, como los laterales Josemi, Ayoze y Corrales, o los cedidos Mario, Jurado y Cléber. También se recuperó a un Pep Martí, que llegaba en el ocaso de su carrera tras sentar cátedra en la media del Sevilla de Juande.
El arranque del equipo fue dubitativo. La sombra, oscura sombra, del incierto futuro del club, se cernía sobre el plano deportivo, atenazando al equipo hasta el punto de llevarlo a posiciones de descenso en el primer tercio del campeonato. Nada parecía ir bien. Los fichajes apenas respondían, los escándalos de Grande se sucedían y, para colmo, se lesionaba de gravedad Miguel Ángel Moyà, meta titular de los baleares y salvador en gran número de ocasiones.
Con ese negro panorama, el equipo afrontaba la segunda vuelta liguera con la vista puesta en una salvación que ya a esas alturas se preveía cara. El primer golpe de efecto se produjo con la llegada del ex deportivista Dudu Aouate en el mercado invernal. Las bochornosas actuaciones de Germán Lux, sustituto de Moyà, en la meta bermellona, precipitaron el fichaje de un portero de verdaderas garantías que consiguiera detener la sangría de goles absurdos. Y el tiempo dio la razón. El israelí rentabilizó su fichaje en apenas unas semanas, dotando al equipo de una seguridad que parecía perdida desde la lesión del portero de Binissalem.
Pero el espoletazo definitivo al devenir del Mallorca en esta Liga se produjo con el anuncio de Vicente Grande de su salida del club y la consiguiente llegada al mismo del añorado Mateu Alemany. El abogado mallorquín, recibido con un verdadero Mesías por la afición de Son Moix, trajo consigo una tranquilidad y una estabilidad (no sólo económica, también ‘emocional’), que catapultó al equipo hacia posiciones de tranquilidad en la tabla.
Todo coincidió. Las tradicionales buenas segundas vueltas del Mallorca de Manzano, la aparición de José Manuel Jurado como el centrocampista creativo que el equipo demandaba, la vuelta de un Juan Arango que ya parecía perdido para la causa, …, hasta los goles del ‘Chori’ Castro.
La semifinal copera ante el Barça fue un premio a la estabilidad y a la buena segunda vuelta protagonizada por los isleños, que consiguieron, un año más, mantener una categoría que vieron peligrar muy seriamente durante los últimos coletazos de la etapa Grande.
Lo mejor: La cordura instaurada en el club por Mateu Alemany, el auténtico gran fichaje de este club.
Lo peor: La plantilla sigue algo coja. Deben retener la sangría de ventas en verano para no pasar tantos apuros, aunque todo apunta a que Moyà o Arango, por poner dos ejemplos, no seguirán.
Una frase: La serenidad en el palco trajo consigo, otra temporada más, una salvación más que merecida.