Así fue la Liga: Málaga (8º)
El Málaga ha sido, sin duda alguna, el equipo sorpresa de esta temporada. Recién ascendido de Segunda, los blanquiazules han realizado una campaña para recordar, con momentos en los que aspiraba a competición europea (incluso, Liga de Campeones). El equipo ha demostrado que no es necesario tener un gran presupuesto para competir con otras entidades de primer nivel, aunque para eso es imprescindible dar mucha confianza a los profesionales y administrar con inteligencia el dinero. No sólo los resultados han sido positivos, también la forma de conseguirlos ha supuesto un incentivo para su afición.
En ese aspecto, la figura de Fernando Sanz, presidente del Málaga, cobra mucha fuerza. El ex jugador del Real Madrid llegó a la dirección en agosto de 2006. El nuevo mandamás saltaba directamente del césped a la poltrona ‘real’. En aquel momento, el centrocampista Manu Sánchez aseguró: “Se acabaron las tonterías y ahora hay que apretar y darlo todo para hacer un proyecto ilusionante y subir lo más rápido posible”. Sanz demostró que, pese a la inexperiencia, ha sido capaz de hacerlo.
Si el presidente transmite tranquilidad y paciencia desde el palco, el entrenador, Antonio Tapia, lo hizo dentro de la caseta. Un profesional comedido, de perfil bajo, pausado, de inteligencia reflexiva y trabajo callado. Posiblemente haya sido una de las piezas clave de este Málaga sorprendente, que durante la temporada sólo se ha conformado con el trato exquisito del balón, la apuesta clara por el juego por bandas, un mediocampo con capacidad de asociación y pase largo y una actitud siempre animosa e intensa. Ahora los malacitanos tendrán que buscar un sustituto a la altura, después de que éste anunciase su adiós (dirigirá al Betis en Segunda).
Pero Tapia no hubiera podido plasmar su idea si no hubiera tenido un cerebro de altura sobre el césped. En ese sentido, Antonio Galdeano ‘Apoño’ ha dirigido a este Málaga a la perfección. Siempre bien situado para la ayuda al compañero, preciso en el desplazamiento del balón en corto y en largo, buena transición de la pelota, interesante juego con el cuerpo y capacidad para girar con rapidez sobre sí mismo… Apoño es un ejemplo claro de que pueden encontrarse jugadores de mucha calidad en casi cualquier lado. Antes de llegar a la Rosaleda en 2007, había jugado en el San Pedro y el Marbella. Si mantiene este nivel de juego, puede aspirar a algo más.
Alrededor de Apoño, Tapia construyó un bloque con una filosofía clara y una mezcla entre juventud y experiencia. Eliseu, Nabil Baha, Lolo, Duda, Albert Luque o Salva Ballesta han ofrecido un buen nivel durante casi toda la temporada y han ofrecido muchas alternativas a Tapia. Eliseu ha demostrado calidad y potencia, aunque es algo irregular. Baha ha aportado capacidad goleadora y llegada. Lolo ha dado equilibrio al mediocampo. Duda tiene un guante en su pierna izquierda y genera peligro con facilidad. Luque y Ballesta han vivido una segunda juventud esta campaña. Además, el portero Iñaki Goitia ha demostrado mucha solidez bajo los palos.
Lo más negativo ha sido el final de temporada, algo deslucido. El equipo se había colocado en la parte alta de la tabla y aspiraba a competición europea, pero finalmente no pudo ser (aunque se jugaba una plaza con los rivales, en teoría, más débiles). El vestuario no se mostró muy competitivo en los últimos encuentros del torneo: perdió ante el Numancia (2-0), el Sporting (2-1) y el Espanyol (3-0) y empató en casa contra el Betis (1-1). Al final quedó clasificado en el octavo puesto, con 55 puntos (15 victorias, 10 empates y 13 derrotas), a siete de la UEFA.
Lo mejor: La brillantez de Tapia en el banquillo y la sorpresa de Apoño, verdadero cerebro sobre el césped de este Málaga.
Lo peor: La recta final del campeonato, que no ha conseguido certificar una gran temporada con la clasificación europea.
Una frase: Lo más importante en un club de fútbol es una planificación deportiva correcta. Los profesionales siempre deben ser el punto de partida de cualquier proyecto.