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Así fue la Liga: Atlético (3º)

escudo-atletico-de-madrid Una temporada convulsa con final feliz; así puede definirse el año de un Atlético de Madrid que, como suele, ha vivido sobre una montaña rusa durante nueve meses. Un año marcado por la irregularidad, con un excelente rendimiento frente a los grandes (ahí quedan los buenos partidos en Anfield y el Bernabéu, o la sensacional victoria 4-3 frente al poderoso Barcelona), patinazos bastante sonados, dos entrenadores, bastantes choques enloquecidos y una sensación de indeseable inestabilidad que se ha palpado tanto en la plantilla como en la grada o la directiva.

Al final, y como ya lleva ocurriendo varias temporadas, al equipo rojiblanco lo ha salvado su excepcional pareja de delanteros, sin lugar a dudas una de las mejores duplas del balompié mundial. Ahora todos hablamos de Forlán, protagonista de un final de Liga atronador, Bota de Oro e ídolo en el Manzanares, pero precisamente quizá sea éste el mejor momento para recordar la fenomenal aportación del Kun Agüero en la primera parte de la temporada, aquellos momentos en que parecía que el club entero dependía de su poderosa arrancada. No es casualidad, por tanto, y a pesar de las sospechas que la segunda vuelta ha arrojado sobre la profesionalidad de este último, que los nombres de las dos puntas de lanza se destaquen en la rumorología que estos días nos asola. También, a pesar de cierta intermitencia, puede considerarse satisfactorio el rendimiento de Simao Sabrosa en el extremo.

Un gran mérito tiene pues el rendimiento de estos atacantes en un equipo blando en defensa y, en muchos momentos, excesivamente plano en la construcción de juego. No entraron mal en el equipo Heitinga y Ujfalusi, fichajes veraniegos, pero un lamentable mes de Noviembre acabó hundiendo al holandés, y el rendimiento del checo no ha pasado globalmente de discreto. Mejor resultado ha dado en el medio Paulo Assunçao en labores de contención, pero el equipo ha echado de menos un creador de juego: Maniche, lo más parecido que había en la plantilla y casi siempre metido en líos, ni siquiera ha acabado la temporada, y el papel del cedido Banega ha resultado irrelevante. Para colmo de males Maxi, uno de los puntales del vestuario, ha vivido un año muy gris y también se ha visto inmerso en algún problema antideportivo. Así las cosas, el Atleti debe pensar urgentemente en la contratación de un cerebro de nivel, y también en darle galones a Camacho, un joven realmente prometedor, sólido en su juego y adorado por la grada.

A las carencias de índole estrictamente deportiva se ha unido en muchos momentos de la temporada la fiereza de una afición colchonera que, harta de mediocridad, se ha hecho notar. Además de los habituales cánticos contra los dueños del club –probablemente justificados- seguramente tuvo mucho que ver la beligerancia contra Aguirre en la destitución, mediado el curso, del entrenador mexicano. Muchos aficionados han mostrado también a las claras su inquina hacia algunos futbolistas, creando en ocasiones un ambiente viciado que en nada beneficiaba al juego del equipo. El culmen de estas actitudes fue el partido contra el Sporting, donde el coliseo del Paseo de los Melancólicos vivió un juicio sumarísimo, y en el que los jugadores fueron crucificados dialécticamente tanto con acusaciones directas como mediante ironías crueles.

Sin embargo, a pesar de todos estos problemas, puede decirse que la temporada ha acabado siendo aceptable. El equipo dio buena imagen en Europa cayendo con dignidad ante el Oporto –ese famoso partido en el que la suplencia de Forlán sigue siendo una incógnita-; la llegada de Abel, a pesar de algún contratiempo, proporcionó el revulsivo esperado; la remontada ante el Villarreal actuó de punto de inflexión, y la impoluta racha de las últimas jornadas llevó a la consecución de la cuarta plaza, objetivo absoluto de la entidad. Ahora, confirmada la continuidad del entrenador y el maná de la Champions, el Atlético se halla en un momento ideal para acometer una estabilización que se antoja muy necesaria para la confirmación del club entre la élite del fútbol español. La clave puede ser retener al menos a alguno de los dos puntas, sacar suficiente dinero por ventas, saber reinvertirlo de forma adecuada y, last but not least, erradicar de una vez esa estética del perdedor que tanto daño le ha hecho al equipo en los últimos tiempos, y que ha servido como cobertura romántica a demasiados desmanes.

Lo mejor: Forlán y Agüero, la reacción en la parte final de la temporada, la irrupción de Camacho y el rendimiento contra los grandes.
Lo peor
: La inseguridad defensiva , la ausencia de patrón de juego, el bajo rendimiento de algunos futbolistas, la inestabilidad y el ambiente viciado en el Calderón.
La frase: La pólvora otorga al Atlético el objetivo europeo.

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