Asalto al infierno verde
Las opciones del Villarreal de alcanzar los cuartos de final en la Copa de Europa pasan por lograr la machada en el infierno griego. El estadio del Panathinaikos todavía no ha presenciado una victoria de ninguno de los numerosos equipos españoles que han visitado la capital ateniense. Los castellonenses confían en sus posibilidades, pero son conscientes de las dificultades para doblegar a un conjunto dirigido por todo un estudioso como Ten Cate, que prepara este tipo de partidos con total dedicación.
El Panathinaikos es el club más prestigioso de Grecia. Cuenta con numerosas modalidades deportivas entre las que destacan el fútbol y el baloncesto, donde es uno de los mejores equipos del continente. Se les conoce en su país como “prasinoi” y “tryfilli” (los verdes y los tréboles) debido a los dos símbolos que han acompañado al club desde sus primeros años. Cuenta la leyenda que en sus inicios, los fundadores del equipo no tenían una camiseta definida y cada día vestían de un color. Un día en el estadio St. Patision, jugando de rojo, un toro de una granja cercana divisó a los jugadores y rompió las barreras para perseguirles por todo el campo. Desde entonces decidieron no volver a utilizar por precaución un color tan llamativo para los animales bravos. Curiosamente, sus enemigos íntimos del Olympiakos adoptaron años después este color “maldito” en la historia de los verdes.
Tras cumplir sus 100 años de vida en 2008, los helenos esperan comenzar su segundo siglo con una buena actuación en Europa que les haga recuperar la ilusión perdida en los torneos internacionales. Ha llovido mucho desde aquel mayo de 1971 cuando el club logró colarse en la gran final de la Copa de Europa ante el todopoderoso Ajax de Cruyff. Para ello esperan envolverse en la magia del viejo estadio Apostolos Nikolaidis, del que se han mudado hace pocos meses. En la actualidad se han trasladado definitivamente al estadio olímpico Spyros Louis, llamado así en honor al atleta que venció en la primera maratón de los Juegos modernos de 1896 en la propia capital helena. Las desventajas de un estadio de estas características para una afición tan caliente son obvias, ya que la pista de atletismo frena de manera rotunda el clamor popular.
Muchas de las esperanzas de los griegos están depositadas en su hijo pródigo, Giorgos Karagounis, un mediocampista agresivo pero no exento de calidad. Tras unos años portentosos en el Apostolos Nikopolidis decidió probar suerte en el extranjero con su fichaje por el Inter de Milán. Quizás el Giuseppe Meazza le vino un poco grande y no supo adaptarse al fútbol táctico de los transalpinos. Aunque las cosas no se preveían sencillas, continuó sin renunciar a su sueño de triunfar fuera de su país. El Benfica fue su siguiernte destino, y aunque se convirtió en una pieza importante de los lisboetas, su familia y él mismo echaban de menos la vida mediterránea de su Atenas querida. Por ello, decidió volver al Panathinaikos pero con la cabeza muy alta tras un periplo lleno de luces y sombras a partes iguales. En la selección helena fue uno de los protagonistas de aquel sueño de 2004 donde los de Otto Rehhagel alcanzaron una hazaña inimaginable a comienzos del torneo. Muchos compatriotas suyos piensan que Karagounis transmite a la perfección los valores del griego moderno: raza, fuerza y carisma.
Esperemos que el Villarreal pueda superar todos los fantasmas del fútbol español en un territorio tan hostil para los nuestros. Acudiendo al tópico: “Las estadísticas están para romperlas”, y los amarillos tienen una oportunidad única de volver a hacer historia en Europa alcanzando los cuartos de final por segunda vez en los últimos años. Para ello confiamos en que consigan salir vivos de un infierno que cada vez es menos fiero.