Arsenal y Villarreal, primos no tan lejanos

En el estadio del Arsenal, el Fly Emirates cabrían de forma holgada los 50.000 habitantes de la localidad castellonense de Villarreal. Sin embargo, y pese a esta diferencia, ambos cuartofinalistas de la Liga de Campeones tienen más cosas en común de lo que parece.
Liberados de urgencias históricas, sus entrenadores trabajan a largo plazo, con responsabilidad pero sin la acuciante necesidad de ganar cada miércoles y cada domingo. Curiosamente, los nombres de Arsene Wenger y Manuel Pellegrini aparecen en las quinielas para el banquillo del Real Madrid, como el pasado verano aparecieron en las del Barcelona. Habría que ver cómo responden bajo presión y bajo la lupa de una prensa duramente fiscalizadora. Wenger goza de consideración divina entre los suyos. No en vano es el hombre que invirtió la historia de la entidad cuando llegó a Highbury en 1996, con la temporada empezada y casi de tapadillo (o procedente de Japón, que viene a ser lo mismo). El resto es historia. Del fútbol rudimentario que caracterizaba a los ‘gunners’ sólo queda ‘Fiebre en las gradas’.
La figura del chileno Pellegrini no alcanza tales dimensiones. Sus poderes son mucho más limitados, pero cuenta con el respaldo institucional. En otro club, tal vez, un conflicto como el que él mantuvo con Juan Román Riquelme hubiese tenido un final bien distinto. El crack de turno se habría salido con la suya. El presidente, Fernando Roig, y el consejero delegado, José Manuel Llaneza, son los vértices superiores del triángulo que ha llevado al equipo por segunda vez a la élite continental.
Villarreal y Arsenal apuestan por el fútbol de combinación y, en una mezcla de convicción y necesidad, por la juventud, entendida no sólo como fútbol base. Ante la imposibilidad de competir en el mercado con Madrid, Arsenal, Chelsea o Manchester United, sus posibilidades pasan por anticiparse y descubrir talentos. Wenger mira a Europa y África; Llaneza, a Sudamérica. En el caso del Arsenal, el club se ha hipotecado con la construcción del Emirates y no tiene otra alternativa. El fútbol está antes que los resultados, aunque se detecta cierta autocomplacencia en un club que hace poco más de un lustro estaba ganando dobletes.
El bombo de la Liga de Campeones ha decidido emparejarles de nuevo, como hace tres temporadas. Entonces, Robert Pires vestía la camiseta ‘gunner’ (morada aquel curso), y junto a otros jugadores consagrados como Thierry Henry o Sol Campbell daba la alternativa a jóvenes como Cesc Fábregas. El centrocampista catalán, convertido ya en líder y capitán, encarna la esperanza de alumbrar un nuevo ciclo. Wenger tiene paciencia. ¿La tendrán también sus jugadores?